A cien millas de Manhattan

Hoy es (aún) 1 de diciembre, día mundial del SIDA y toda, como todos los días uno de mes, una reseña del Club de lectura, en esta ocasión, el libro de Guillermo Fesser -la mitad de Gomaespuma- A cien millas de Manhattan.

Aunque no escuchaba apenas a Gomaespuma (soy oyente de radio, sí, pero salvo hace unos veinte años un programa de la SER que se llamaba La otra noche, oigo exclusivamente noticias) soy fan, muy fan, tanto que cuando estaba en la facultad fui a verlos hacer un programa en el Campus... y eso que yo jamás de los jamases iba a primera hora a clase (y la primera hora de clase era media hora después de que empezara el programa de Gomaespuma) así que me zambullí en el libro con grandes esperanzas ¡es la mitad de Gomaespuma! ¡tiene que ser descacharrante! pensé, de puro ingenuo.

A cien millas de Manhattan es una colección de curiosidades de los norteamericanos. El autor se fue a vivir allí hace unos años y se dedica a contarnos cosas de las que no hubiéramos tenido noticia salvo de vivir, como él, a cien millas de Manhattan (supongo que en el mismo Manhattan o siendo compatriota de los que viven allí también podríamos reproducir las historias, aún así permítanme la licencia). Me consta que luego esto pasó a ser una sección de radio en ni flores de qué emisora así que, como imaginarán, las curiosas historias que cuenta Fesser son interesantes y, de estar bien contadas, seguramente serían mucho más entretenidas... No me entienda mal, queridos lector, no digo que esté mal escrito, sólo que me ha perdido el apellido, lo asociaba, como decía al comienzo, a lo descacharrante y a pesar de lo curioso que es lo que cuenta el libro, sin ser pesado ni malo, me ha resultado ciertamente monótono. La ventaja es que no hace falta leerlo del tirón, ni mucho menos, porque no hay más hilo conductor que un "mira lo que te voy a contar" organizado a lo loco por meses y poco más. Si le gustan las curiosidades el libro le encantará, aunque podría recomendarle libros de curiosidades infinitamente más amenos, qué quiere que le diga.

Puede leer las reseñas del resto de componentes del Club en los sitios habituales: B, Carmen, Desgraciaíto y Newland.

Un árbol crece en Brooklyn

El 10 de mayo de 1933, los nazis llevaron a cabo uno de sus actos más famosos; no el más atroz -hicieron tantas salvajadas- pero sí uno de los más definitorios: la quema de libros en la Plaza de la Ópera de Berlín; Sigmund Freud, socarrón y uno de los autores cuya obra pasó por el fuego, dijo que era todo un avance que quemaran los libros de los autores que consideraban nocivos puesto que unos siglos atrás hubieran quemado a los propios autores... cuánto horror nos quedaba por descubrir, ya se sabe que donde queman libros, al final queman personas.

Tras esta historia horrible, hay otra que, si bien no compensa tanto horror cometido por los nazis -¿qué podría hacerlo?-, nos devuelve cierta fe en la especie: en los años cuarenta, cuando EEUU entra en guerra, una asociación de libreros norteamericanos decidió que había que diferenciarse de la barbarie nazi en todo y, por ello y con apoyo del gobierno, emprendió una campaña a favor de los libros con algo tan sencillo, y maravilloso, como animar a la gente a regalar libros de bolsillo a los soldados que iban a luchar... y ahí es donde entra en juego Un árbol crece en Brooklyn, que una es perifrástica, pero cuenta las cosas por algo.

La novela de Betty Smith fue el best seller mundial el año de su publicación, 1943, debido sobre todo al hecho de que fue la novela más regalada a los soldados norteamericanos que estaban en el frente para ayudarlos a sobrellevar los horrores de la guerra. A la vuelta a casa muchos se pusieron en contacto con la autora, Smith recibió miles de cartas de agradecimiento de los rudos combatientes porque, decían, gracias a esa novela, no olvidaron por qué estaban luchando, qué es lo que estaban defendiendo.

El éxito de Un árbol crece en Brooklyn se debió sobretodo a que, para esos soldados, su lectura fue como estar en casa. La novela arra las vivencias de una familia en el Brooklyn de antes de la guerra, no cuenta exactamente la historia de la infancia de los soldados, pero sí podría coincidir con las vivencias de sus padres, con todo lo que ellos les habrían contado... eso explicaría, sin duda, por qué está todo tan edulcorado, por qué son todos tan felices a pesar del hambre y la miseria que padecen, por qué entre el hambre y la dignidad eligen siempre la dignidad, por qué entre el robo y la honradez del trabajo duro -casi esclavo- prefieren el trabajo duro... En definitiva, Un árbol crece en Brooklyn cuenta la historia de una América que nunca fue tan bonita en la realidad pero que sí lo era en la mente de varias generaciones y, por tanto, merecía la pena conservar. Es una novela llena de valores positivos: trabajo duro, esfuerzo, lectura (la protagonista lee varios libros a la semana, no sabemos de dónde saca el tiempo con la vida que lleva), generosidad, educación (la protagonista camina mucho cada día para poder ir a un buen colegio y aprovechar así su inteligencia) y valores familiares (el padre de familia es un desastre alcohólico, pero es muy simpático y hace a sus hijos felices, ya se encarga la madre de, además, alimentarlos ya que la música no se come)

Lo que ya no me atrevo a decir es si es una novela con grandes valores literarios; es un tanto extensa y a veces resulta forzado, no cuenta exactamente una historia en el sentido clásico, se le ven las costuras (hay un personaje que tiene TRES matrimonios -y cero divorcios- y ONCE hijos que mueren en el parto y aún así lo sigue intentando porque lo importante es participar... y todo eso antes de los cuarenta que, por supuesto, cumple siendo la mujer más deseada de Brooklyn), y a ratos se hace un tanto pesada... pero igual se deja leer y, si el lector consigue meterse en la historia -suspenda la incredulidad, por favor ¿qué más da?¿tanto importa que alguien haga un relato de ficción feliz?- las páginas van pasando y nos sentimos casi como los soldados de la segunda guerra mundial, como si tuviéramos un lugar feliz que defender, un lugar feliz al que volver... Vale que nunca estuvimos allí, pero esos soldados que luchaban contra los nazis tampoco y la lectura de Un árbol crece en Brooklyn mantuvo a muchos de ellos con vida, ya sólo por eso la humanidad le debe algo a este libro.

Si quieren leer el resto de reseñas del Club de lectores 2.0, pueden hacerlo en los sitios habituales: Carmen, Newland y Desgraciaíto. Nos vemos el mes que viene con A cien millas de Manhattan.

Revival

Año nuevo, nuevo libro de Stephen King (o tito Stephen, como le llama Bichejo, toda confianzuda) y, como no podía ser de otra manera (cómo odio esa expresión ¡¡cómo algo no va a poder ser de otra manera??) no nos ha quedado otra que lanzarnos a leerlo... no, no uso un plural mayestático; es sólo que algunos miembros de algún club de lectores 2.0 consideraron que podía ser algo divertido leer algún libro de algún autor y reseñarlo algún día que fuera el mismo día; así que, ea, para que no se me olvide, aquí pueden encontrar la reseña de Revival de Stephen King que ha hecho Bichejo, y aquí la que ha hecho Newland, a modo de Petit mini club de lectores.

Hace muchos, muchos años, a muchos kilómetros de donde me hallo, perdí la cuenta de la cantidad de libros de Stephen King que había leído; quien esto escribe es una fanática del terror en todos sus lenguajes (salvo, lógicamente, el terror que produce ver el telediario) y si lo es ahora con cuarenta palos, pueden ustedes imaginarse la de terror de mayor o menor calidad que consumía en la adolescencia... Me reencontré con el señor King hace un par de años like a virgin, touch for the very first time porque, aunque parezca increíble, en los años en los que lo devoraba me había saltado los grandes clásicos: El resplandor,  It Carrie. Con el primero llegó el reencuentro y jamás nada me había dado tanto miedo (Véase paréntesis anterior), con Carrie confieso que me aburrí un poquitín durante un viaje de autobús y estoy reservando It para un día de estos porque, no se lo van a creer, la historia en sí no me llama nada a pesar de lo que reverencio a su autor. Por el camino de estos últimos años, además de los grandes clásicos de terror del señor King, me enamoré perdidamente de su prosa con 22/11/63 y me parece intolerable que su nombre no suene para el Nobel con cierta firmeza  (¡¡por el amor de Dios, si suena hasta Murakami!!) porque dudo que haya en estos momentos un autor con tantos libros generacionales de la calidad de los suyos, que no es sólo que las historias sean únicas e interesantes, es que además, cada año que pasa, Stephen King escribe mejor.

Revival no es una excepción a lo dicho hasta aquí, es una delicia de principio a fin en su prosa, es una delicia de principio a casi fin en su historia, y todo ello a pesar de que al que diseñó la portada habría que ejecutarlo (perdonen el exabrupto, leo en digital y no había visto ese horror que poco tiene que ver con el libro que yo he leído); una historia que parece de todos los días de la América profunda que nos va conduciendo, a lo largo de cincuenta años, a un sólo momento en el tiempo, a un solo evento al que vamos, sabiendo a dónde vamos -sin saber en qué consiste- como corderitos al matadero y, aunque el final, la solución del misterio en definitiva, es un poco psé, la sensación global es que la lectura ha sido un tiempo maravillosamente empleado, es más, me atrevería a decir que la solución es psé porque he visto soluciones de Stephen King infinitamente más flojas en otras de sus novelas que aún hoy, veinticinco años después, pueblan mis pesadillas, y aquí no lo ha conseguido del todo.

Revival cuenta es una historia de dos personajes: Jaime, el niño al que vamos siguiendo toda la novela hasta que se convierte en un señor con canas, y Charles Jacobs, el nuevo pastor del pueblo. Charles es un pastor especial, muy implicado en la vida del pueblo y muy mañoso con la electricidad, Jaime es el niño que más confiará en él hasta que, un buen día, la mujer y el hijo del pastor mueren en un accidente atroz, pierde la fe en Dios y pronuncia un sermón blasfemo que provoca que lo despidan (no es que no tengan compasión por él, todos le adoran, es que no tiene mucho sentido tener un cura ateo y blasfemo dando las misas); a partir de aquí, y a lo largo de los años, Jaime -músico que se mete en jaleos tan serios como psicotrópicos a lo largo de su vida- se irá encontrando con Jacobs con distintos nombres y profesiones cada vez más disparatadas a lo largo de su vida hasta que un día... y hasta ahí puedo leer.

Los dos personajes, como es habitual en las novelas de Stephen King, son sólidos y verosímiles aunque nos cuente cosas francamente lejanas a una experiencia vital normal; la historia está tan bien construida que sólida y verosímil, dentro del bichorismo habitual de las novelas del autor; dan ganas de cogerse un avión y ver  si de veras allí pasan esas cosas. Fíjense si merecerá la pena, si estará bien escrita, que, aunque todo el relato está en función de un final un tanto psé, no he parado de recomendarla, no es su mejor novela, pero es infinitamente mejor que Joyland y ya ni les cuento en comparación con cualquier Murakami.

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote

Día uno de octubre, vamos con nuestra programación habitual correspondiente a la reseña del Club de lectores 2.0 que, como ya supondrán, que son ustedes unos lectores inteligentes, corresponde al libro de Santiago Posteguillo, La noche en que Frankenstein leyó el Quijote: la vida secreta de los libros.

Posteguillo es un autor que se ha hecho famosísimo por sus libros de romanos así que imagino que el libro lo eligió Newland, nuestro adorado romanólogo, y, como además es un sol, no ha decidido compartir con nosotros una de romanos sino un batiburrillo de curiosidades sobre libros y autores, de esas que no te cambian la vida, pero te pueden despertar una sonrisa cuando menos e incluso te pueden hacer ganar una partida de trivial (la de tiempo que hace que no juego, por cierto ¿sigue existiendo?)

Si hay algo que podemos comprobar sin temor a equivocarnos, es que Posteguillo sabe un montón de literatura, no sólo de la que imparte, sino de literatura comparada en general, de todos los entresijos que hay detrás de grandes obras: no tenía ni idea, por ejemplo, que alguien hubiera rechazado Orgullo y prejuicio, creía que Austen había triunfado con su primera novela... sin saber que esa era precisamente su primera novela... y, como no se trata de descubrirnos América sino de construir, a base de pequeñas historias, una lista de curiosidades sobre libros, también podemos encontrar algunas cosas que sí pueden sonarnos, como la afición a Dovstoievski al juego y lo que tenemos gracias a su ludopatía.

En general estoy totalmente a favor de estos compendios de curiosidades, porque detrás de cada libro puede haber una historia fascinante que puede, o no, enriquecer nuestra experiencia a la hora de leer un libro... y eso que hay un capítulo en concreto que me hizo gritar, hasta que lo resuelve diciendo que es sólo una teoría de las muchas que hay con respecto del anónimo autor del Lazarillo (entiéndanme, he leído tantas tonterías al respecto desde la carrera, que reacciono malamente a ellas porque ¿es de verdad TAN importante quién lo escribió? ¿es razonable que alguien para sostener una teoría de autoría absurda llame -no Posteguillo, conste- mediocre al maravilloso Juan de Valdés?)

En definitiva La noche en que Frankenstein leyó el Quijote es un libro tan ameno como interesante, escrito en capítulos cortos sin solución de continuidad que permiten tanto releerlo mil veces buscando esa curiosidad que me suena pero no recuerdo como leerlo a trozos y tardar veinte años en acabarlo.

Tienen el resto de reseñas en los lugares habituales: CarmenDesgraciaíto y Newland.

El país imaginado

Una vez más, los aguerridos lectores del Club de lectura nos hemos metido dos libros entre ceja y ceja, pero descuiden, será la última vez, al menos este año porque, a partir de ahora, volvemos a la programación habitual de leer compartido un libro al mes, que como a todos se nos acaban las vacaciones.

En esta ocasión, tal como reza el título de esta entrada, nos hemos ido de visita a El país imaginado de Eduardo Berti. Confieso de entrada que no termino de entender el título, compréndanme, no se trata de que sea inadecuado, a ese país imaginado se hace alusión a lo largo de la novela, sino de que la historia que narra no me parece que corresponda a lo que se refiere el título, pero vamos, un detalle menor, sólo que soy pelín maniática para estas cosas.

En El país imaginado nos vamos a la China de preguerra (no sabría decir cuánto pre- hay que poner, pero desde luego es antes de la Guerra Mundial), y acompañamos a una familia china tradicional, que hace cosas de familia china tradicional, ni más ni mangas, que dice mi madre. Nuestra china tradicional sigue la tradición de sacar a pasear el mirlo de su abuela una vez que esta muere pero no por generosidad, como le hace creer a su tradicional familia, sino porque así puede ir a ver a la hija del pajarero que se lo ha alquilado de la que de una manera muy poco tradicional se ha enamorado... ella cree que la quiere para su hermano mayor, pero no, así parece ser el amor en una sociedad en la que no está permitido amarse,no ya entre mujeres sino enamorarse así, en general; mientras tanto su hermano mayor está enamoriscado de otra chica indistinguible de una prima y a veces nuestra protagonista tiene que acompañarlo a él ya que se trata de un matrimonio muy ventajoso y se trata de que no la cague demasiado...Hay mucha más trama pero realmente no sabría hasta dónde contar porque no se puede decir que sea una novela con grandes giros, y de hecho quizá haya contado de más... Es un libro interesante y para ventilarse en una tarde, que si tuviera algunas páginas más quizá ya no sería interesante porque la verdad es que no creo que sea capaz de recordar su contenido durante mucho tiempo, en definitiva un psé, de manual. Leanlo si no tienen nada mejor que hacer, es mono, no daña y tampoco contiene el sentido de la vida... tómenselo como un oasis pequeño y algo insípido, que no siempre es necesario irse de cabeza a por grandes emociones.

Tienen el resto de reseñas en los lugares habituales: Carmen (me muero de ganas de leer esta reseña, no se la pierdan), Desgraciaíto y Newland.

Nos vemos el 1 de octubre con La noche en que Frankenstein leyó el Quijote: la vida secreta de los libros de Santiago Posteguillo.

Vestido de novia

Hoy, 1 de septiembre, toca la reseña de rigor del Club de lectores 2.0 a la que por una vez nos hemos enfrentado, creo, con todo éxito, a ver qué sorpresas me llevo, que nunca se sabe.

El libro elegido para este mes de vuelta al cole es, como dice el título, Vestido de novia de Pierre Lemaitre, autor celebérrimo de Nos vemos allá arriba, un libro fantástico con el que ganó el Premio Goncourt y que recomiendo encarecidamente, tanto, tanto, como recomiendo Vestido de novia, ea, que ya tenía yo ganas de recomendar con un poco de entusiasmo un autor al que he llegado por este Club de tortura lectura nuestro... Tanto lo recomiendo que si la vida me deja espero haber leído todo lo que ha escrito Lemaitre antes de que acabe el año.

Si tengo que utilizar una sensación para definir esta novela me quedo, sin dudar un segundo, con desasosiego; hacía tiempo que no leía con tanta avidez para entender qué demonios está pasando, a dónde nos quiere llevar el autor (¡ojo! no confundan el desasosiego con la angustia, la angustia es lo que me llevó a dejar El marciano -fantástico también, por cierto- hasta que vi el trailer) y es que Sophie, la protagonista de Vestido de novia, no consigue comprender qué ha ocurrido con su vida, cómo ha pasado de tener una vida perfecta, con un trabajo que le apasiona, con una pareja maravillosa, con dinero, a tener que huir porque lo que empezaron siendo pequeños descuidos como unas llaves que no aparecen o unos cambios de agenda que no recuerda haber hecho se convierten en una cagada monumental y vergonzosa en el trabajo primero y en el asesinato del niño que está cuidando en la nueva vida que tiene que crearse y que, al igual que las naderías de las llaves, la cagado monumental en el trabajo, y cómo llegó su marido a estar como está no consigue entender qué ha hecho su cabeza en esos momentos... Doy por hecho que, llegados a cierta edad, todos hemos tenido alguna vez una crisis de ausencia, o un despiste más o menos inexplicable, por lo que podemos entender cómo empezó y vivir con desasosiego a dónde acaban conduciendo a Sophie esos momentos en blanco.

La novela tiene tres partes, pero no abundaré más en el argumento para no desvelar detalles esenciales de la trama, sólo puedo decir que es tan retorcida como creíble, sobre todo en la creación de los espacios en blanco que Sophie va teniendo, en cómo se va sumiendo en su depresión, en cómo escapa y en como, a pesar de lo que sabemos de ella ¡asesina a un pobre niño!, sentimos una empatía tal que queremos que escape, que consiga recuperar la cordura y pueda volver a explicarse el mundo... y hay que ser un genio usando palabras para que el lector a la vista de lo chalada que está quiera protegerla en vez de meterla en una habitación acolchada.

Todos necesitamos que el mundo tenga sentido, y lo que Lemaitre nos quita, Lemaitre nos da.

Pueden, como de costumbre, leer el resto de reseñas en los espacios habituales y creo (repito: creo) que tenemos un pleno de buenas críticas, ¡aunque con este Club nunca se sabe!: Carmen, Desgraciaíto, Newland.

Nos vemos en quince días (o quizá antes, que Er-Murazor está empeñado en que escriba un post sobre por qué creo que España no ha creado históricamente novelas de fantasía) con El país imaginado, de Eduardo Berti, una novela ciertamente simpática pero un poco psé de la que estoy deseando leer una reseña en concreto para ver qué tiene de fantástico... y no olviden escuchar el Podcast que tienen en la barra lateral.

#porraminizor

Porque nadie lo pidió (bueno, en realidad hubo UNA petición) damos por inaugurada la porra Minizor. Como la mayoría ya sabréis (y a los que no, os lo comunico oficialmente ahora) estoy de (treintaporochodoscientoscuarenta... añadodías... dividoentresiete...) treinta y seis semanas. La presente porra, con reglas depositadas ante notario custodiadas por Tuco consiste en adivinar la fecha del nacimiento del niño (en adelante, Alejandro).

El juez custodiando las reglas

Como hay premio físico, trataremos de evitar empates dividiendo los días en dos tramos y haciendo que cada concursante seleccione una fecha y un tramo. Los dos tramos serán: de 0:00 horas a 12:00 horas (llamado "tramo del Tuiter molón") y de 12:00 a 0:00 horas (llamado "tramo del Tuiter intensito"). Así, un posible ejemplo de apuesta sería "el catorce de febrero en el tramo intensito"). La ginecóloga (sí, tendremos ginecóloga en el parto, somos así de osados) tiene instrucciones de, si el niño nace a las doce en punto, engañarnos y cambiar la hora un minuto o dos arriba o abajo según su propio criterio, que para eso es una señora con estudios.

Un par de consideraciones a tener en cuenta por los concursantes:
  • Salgo de cuentas el 19 de septiembre. Por tanto, noviembre es un mes altamente improbable como fecha de parto, aunque no queremos condicionar a nadie.
  • Hoy no voy a dar a luz. La primera fecha admitida es mañana, 24 de agosto en el tramo molón.
  • Para los que me deseen un embarazo largo (así os...), este año septiembre tiene treinta días. Se admite "31 de septiembre en tramo molón" como apuesta, pero la organización no la recomienda. Luego no os quejéis.
  • MODO DE CONCURSO: Dejar un comment en este post o avisarnos en Tuíter con el hashtag #porraminizor y mención expresa a uno de los progenitores del niño (@pau_1975 o @zor76). Si no hay mención también es válido, pero os arriesgáis a que no lo veamos.
  • Si pese a dividir el día en dos tramos dos concursantes se empeñan en coger el mismo día y el mismo tramo, se sortearía el premio entre los dos (o más) ganadores.
  • UN DÍA Y UN TRAMO POR CONCURSANTE. Vamos a llevarnos bien.
Y por último, EL PREMIO será UNA MARAVILLOSA CAMISETA CONMEMORATIVA personalizada para la ocasión por nuestros colegas de https://www.facebook.com/zenutrios. La camiseta podrá ser entregada en mano con tapas incorporadas si los ganadores vienen a Graná o enviada por correo si viven lejos (esto es, más allá de Jaén). Hay posibilidad de entrega en mano en Madrid o alrededores, pero no garantizamos que sea pronto.

Sin más que añadir, ¡QUE COMIENCEN LOS JUEGOS DEL HA...! Esto, que ya podéis comentar.

Participantes hasta ahora (Aunque todavía hay tramos libres, en aras de la justicia, damos la porra por cerrada):

5 de septiembre,tramo intensito: Mon Suárez (no lo dice, pero es porque quiere verlo en directo).
5 de septiembre, tramo molón: La Rizos.

7 de septiembre, tramo molón: Zumodeguindas, que no quiere un embarazo prolongado.

8 de septiembre, tramo molón: Fisuelina
8 de septiembre, tramo intensito: Fini (que es su cumpleaños, además).

11 de septiembre, tramo molón: Mathraelis
11 de septiembre, tramo intensito: LordRuthven

13 de septiembre, tramo intensito: Pata Ookami.
13 de septiembre, tramo molón: Hermano E.

14 de septiembre, tramo intensito (las cinco de la tarde): Carmen

15 de septiembre, tramo intensito: Miss Honky

16 de septiembre, tramo molón: Javi
16 de septiembre, tramo intensito: Gordipé

17 de septiembre, tramo molón: LolaCB

18 de septiembre, tramo molón: Sargento.
18 de septiembre, tramo intensito: Petulancia.

19 de septiembre, tramo intensito: Phaskyy (han hecho falta nueve participantes para que caiga esta fecha. Además es su cumpleaños, ¡no olviden felicitar!).

20 de septiembre, tramo intensito (con los primeros resultados de las elecciones griegas): Juan Mesa
20 de septiembre, tramo molón: NacheT (de este hay que fiarse, que adivinó la hora y el minuto del nacimiento del pulpofante de Undívaga).

21 de septiembre ,tramo molón: Lady Rathen.
21 de septiembre, tramo intensito: Lorzagirl

22 de septiembre, tramo molón: Martín Donato.
22 de septiembre, tramo intensito: Marta

23 de septiembre, tramo molón: Misia
23 de septiembre, tramo intensito: Wen

24 de septiembre, tramo molón: Bulma Salgueiro (para que sea libra).
24 de septiembre, tramo intensito: Anniehall

25 de septiembre, tramo molón: Fle.
25 de septiembre, tramo intensito: Ilse

26 de septiembre, tramo molón: Bich75
26 de septiembre, tramo intensito: N

27 de septiembre, tramo molón: Yoli
27 de septiembre, tramo intensito: Pétalo

28 de septiembre, tramo molón: Calabria (¿por qué? ¿por qué tanto odio?)
28 de septiembre, tramo intensito: Eleder

29 de septiembre, tramo molón (y día de San Miguel): El Niño Desgraciaíto.

1 de octubre, tramo intensito: Pan Bimbo

El lugar más feliz del mundo

Como somos unos locos, los lectores del Club de lectura 2.0 este año nos propusimos leer 15 libros juntos en lugar de 12, así que en verano había que apretar; en este mes de calor tocaba leer además de a Kundera, El lugar más feliz del mundo del nuevo y flamante director del periódico El Mundo, David Jiménez.

Confieso que no conocía a David Jiménez hasta que fue nombrado director de un periódico que ojeo (sí, sin h, cómo lo voy a hojear si hasta ahora no lo hubiera comprado jamás por conspiranoico y ahora leo casi exclusivamente en digital) de vez en cuando así que no tenía muchos prejuicios que derribar y, la verdad, después de la lectura de El lugar más feliz del mundo es posible que le preste más atención al periódico El Mundo, aunque sólo sea para ver qué reportajes de lugares remotos encuentro en él.

El lugar más feliz del mundo es un libro compuesto de pequeños cuadros costumbristas de lugares remotos pero, sobre todo, es un libro construido a través de las sensaciones de su autor, David Jiménez, reportero en Asia que se dedicaba a ir allá donde saltaba la noticia. No tener un sitio fijo en el que anclarse le ha dado la experiencia del viajero (no confundir viajero con turista) en una época en la que aún se podía viajar por el mundo, ir a lugares remotos y conocer de verdad la realidad de los sitios en vez que los parques temáticos para turistas que están ahora tan de moda y, en muchos casos, existen por motivos de seguridad y, ojo, esa cualidad del viajero nunca ha sido sencilla, ya se encarga Jiménez en contarnos cómo consigue, en muchos casos, visados a base de ocultar su condición de periodista en un mundo en el que el periodismo es cada vez un testigo más incómodo.

El libro está dividido en 6 partes: en la primera nos lleva de la mano por una serie de Lugares todos por supuesto exóticos y no aptos para todos los estómagos, después nos traslada a la dificultad especial que tienen las Fronteras, para enseñarnos a continuación algunas Calles en las que han tenido lugar acontecimientos históricos de relevancia y que, seguramente, todos recordamos (¿quién no recuerda al señor que se plantó delante de un tanque en la plaza de Tiananmen?); desde ahí visitamos algunas de las Celdas en las que sobreviven como pueden en condiciones inhumanas, después nos muestra algunos Amaneceres, esto es, pueblos que están empezando a despertar al mundo tal y como creemos que es el mundo y, por último, la parte que más me ha gustado de todas las del libro: Retornos, en la que David Jiménez vuelve a sitios en los que ya ha estado (en ocasiones nosotros también con él unas páginas más atrás) y nos muestra cómo han cambiado con el paso de los años.

El lugar más feliz del mundo es, como decía, un libro de sensaciones más que de historias (para las historias debieran ustedes leer los reportajes que salieron de cada viaje) y, por ello, es un libro para dejarse llevar, un libro que en el que no hace falta seguir un hilo y, si les soy sincera, ni siquiera hace falta recordar mucho de lo que cuenta como si de una historia ajena se tratara; al ser sensaciones cada historia puede haber sido incorporada a las propias anécdotas, olvidada o simplemente sentida, no es un libro para sacar grandes conclusiones, para aprender grandes historias, casi al contrario, es un libro para olvidar todo lo aprendido, para no dar nada por hecho, en palabras del propio autor:
cuanto más viajo, más experiencias acumulo y más mayor me hago, más me cuesta distinguir entre buenos y malos. Si me preguntan qué he aprendido en todos estos años, en la guerra, en la revolución, o en el desastre natural, diría que somos bruma. Nunca todo claridad, rara vez completa oscuridad. 
Pueden leer el resto de reseñas del Club es los lugares habituales: Carmen, Newland, Desgraciaíto así como seguirnos en la página del Club de lectores en la que, además de las reseñas, se enlazan los podcast que hacemos sin regularidad alguna.
Nos vemos el 1 de septiembre con Vestido de novia de Pierre Lemaitre. 

La fiesta de la insignificancia

Hace poco más de un año, salió a la venta el último libro del celebérrimo autor checo¿-francés? Milan Kundera, La fiesta de la insignificancia y allá que nos fuimos los lectores del Club de lectura 2.0. a proponerlo para este año, como los locos.
No quiero que se me entienda mal, así que diré para empezar que el libro no me ha disgustado, es interesante, es ciertamente entretenido, es tan corto que se lee en apenas un par de horas... ahora bien el adjetivo que más se me viene a la mente si pienso en él es, sin duda, deslavazado. Daría la sensación de que el señor Kundera tenía unas notas para una novela y un editor pesado con un ultimátum para que le presentara algo ya, y de ahí sale el libro, un libro interesante, ciertamente entretenido... pero a medio hacer y es que La fiesta de la insignificancia propone pero no concreta, apunta pero no dispara, seduce pero no culmina y no sé, a mí que me dejen a medio camino con sólo un par de caricias previas no me va nada.
La fiesta de la insignificancia narra la historia -por llamarlo de alguna manera- de unos amigos franceses que hacen cosas insignificantes, a saber, uno tiene pensamientos sesudos sobre lo seductores que son hoy los ombligos, otro seduce mujeres a base de pasar desapercibido, otro que es actor trabaja de camarero y decide hacerse pasar por pakistaní inventándose hasta el idioma... y cada poco tiempo aparece por ahí Stalin, no como personaje sino como referencia constante para explicar el punto de la novela, y nos cuentan historias de Kalilin, un señor absolutamente insignificante... En definitiva, Kundera, traza una serie de retratos costumbristas a lo Historias de la radio que vemos a medio empezar o a medio terminar, pero que no nos llevan a ningún sitio concreto pero no sé, el problema no es no ir a ningún sitio, sino que el viaje sin ser desagradable ni aburrido tampoco nos enseña el paisaje de nuestra vida. Ahora bien, que todo hay que decirlo, La fiesta de la insignificancia nos deja un cierto poso sobre la propia condición de la insignificancia porque si algo en la última novela de Kundera es un acierto absoluto es, sin duda, el título, dado que el autor nos plantea una serie de cuadros insignificantes y, curiosamente, nos lleva, casi sin querer, a una reflexión sobre las cosas insignificantes de la vida, que representan... no sé... ¿el 90% de nuestro tiempo?
Pueden leer el resto de reseñas en los sitios habituales:  Carmen, Desgraciaíto y Newland y en algún momento saldrá el podcast que ya está grabado en el que hablamos, entre otros, de este libro tan adecuado para leer en verano cuando uno no tiene muchas ganas de pensar pero es algo que tiene que hacer así, sin apenas enterarse, usando la excusa de las cosas insignificantes.

De brillante porvenir. John Dos Passos

Este año, después de muchas fatigas, me hice el firme propósito de que los libros del Club me gustarían, no podía ser que todos los libros elegidos por cinco personas que leen bastante más que la media fueran horribles, era pura predisposición y hasta ahora había funcionado: todos los libros propuestos hasta ahora me habían encantado y los recomiendo fervientemente....

La primera en la frente, De brillante porvenir es un libro descatalogado y sin versión digital; los cinco miembros del Club estamos leyendo dos ejemplares que heroicamente encontraron Carmen y Bichejo. Actualmente, si un libro está descatalogado -un libro de un autor universal y celebérrimo como Dos Passos, se entiende- ya da pie a sospechar... pero no me atrevo a decir de qué va porque la prosa me ha parecido tan fuera de época (y eso que me encanta el barroco) que me costaba seguir la historia, no porque no entienda las palabras sino porque, honestamente, las aventuras y desventuras de este señor me daban igual, me han dado igual sus conquistas, ese primer capítulo en el que quería mezclarse con los pobres del barco durante el viaje pero se escapaba nada más llegar para estar con los ricos, me ha dado igual que quisiera adaptar El hombre que fue jueves (un libro que leí hace mil año y recomiendo mucho aunque apenas lo recuerdo)... así que no he conseguido terminarlo, por lo que, he de decir, que no me hagan caso y vayan a leer a quien sí lo ha hecho a ver si ha habido más suerte:  Carmen, Newland y Desgraciaíto.

Nos vemos en 15 días, y será mejor.