El 10 de mayo de 1933, los nazis llevaron a cabo uno de sus actos más famosos; no el más atroz -hicieron tantas salvajadas- pero sí uno de los más definitorios: la quema de libros en la Plaza de la Ópera de Berlín; Sigmund Freud, socarrón y uno de los autores cuya obra pasó por el fuego, dijo que era todo un avance que quemaran los libros de los autores que consideraban nocivos puesto que unos siglos atrás hubieran quemado a los propios autores... cuánto horror nos quedaba por descubrir, ya se sabe que donde queman libros, al final queman personas.
Tras esta historia horrible, hay otra que, si bien no compensa tanto horror cometido por los nazis -¿qué podría hacerlo?-, nos devuelve cierta fe en la especie: en los años cuarenta, cuando EEUU entra en guerra, una asociación de libreros norteamericanos decidió que había que diferenciarse de la barbarie nazi en todo y, por ello y con apoyo del gobierno, emprendió una campaña a favor de los libros con algo tan sencillo, y maravilloso, como animar a la gente a regalar libros de bolsillo a los soldados que iban a luchar... y ahí es donde entra en juego Un árbol crece en Brooklyn, que una es perifrástica, pero cuenta las cosas por algo.
La novela de Betty Smith fue el best seller mundial el año de su publicación, 1943, debido sobre todo al hecho de que fue la novela más regalada a los soldados norteamericanos que estaban en el frente para ayudarlos a sobrellevar los horrores de la guerra. A la vuelta a casa muchos se pusieron en contacto con la autora, Smith recibió miles de cartas de agradecimiento de los rudos combatientes porque, decían, gracias a esa novela, no olvidaron por qué estaban luchando, qué es lo que estaban defendiendo.
El éxito de Un árbol crece en Brooklyn se debió sobretodo a que, para esos soldados, su lectura fue como estar en casa. La novela arra las vivencias de una familia en el Brooklyn de antes de la guerra, no cuenta exactamente la historia de la infancia de los soldados, pero sí podría coincidir con las vivencias de sus padres, con todo lo que ellos les habrían contado... eso explicaría, sin duda, por qué está todo tan edulcorado, por qué son todos tan felices a pesar del hambre y la miseria que padecen, por qué entre el hambre y la dignidad eligen siempre la dignidad, por qué entre el robo y la honradez del trabajo duro -casi esclavo- prefieren el trabajo duro... En definitiva, Un árbol crece en Brooklyn cuenta la historia de una América que nunca fue tan bonita en la realidad pero que sí lo era en la mente de varias generaciones y, por tanto, merecía la pena conservar. Es una novela llena de valores positivos: trabajo duro, esfuerzo, lectura (la protagonista lee varios libros a la semana, no sabemos de dónde saca el tiempo con la vida que lleva), generosidad, educación (la protagonista camina mucho cada día para poder ir a un buen colegio y aprovechar así su inteligencia) y valores familiares (el padre de familia es un desastre alcohólico, pero es muy simpático y hace a sus hijos felices, ya se encarga la madre de, además, alimentarlos ya que la música no se come)
Lo que ya no me atrevo a decir es si es una novela con grandes valores literarios; es un tanto extensa y a veces resulta forzado, no cuenta exactamente una historia en el sentido clásico, se le ven las costuras (hay un personaje que tiene TRES matrimonios -y cero divorcios- y ONCE hijos que mueren en el parto y aún así lo sigue intentando porque lo importante es participar... y todo eso antes de los cuarenta que, por supuesto, cumple siendo la mujer más deseada de Brooklyn), y a ratos se hace un tanto pesada... pero igual se deja leer y, si el lector consigue meterse en la historia -suspenda la incredulidad, por favor ¿qué más da?¿tanto importa que alguien haga un relato de ficción feliz?- las páginas van pasando y nos sentimos casi como los soldados de la segunda guerra mundial, como si tuviéramos un lugar feliz que defender, un lugar feliz al que volver... Vale que nunca estuvimos allí, pero esos soldados que luchaban contra los nazis tampoco y la lectura de Un árbol crece en Brooklyn mantuvo a muchos de ellos con vida, ya sólo por eso la humanidad le debe algo a este libro.
Si quieren leer el resto de reseñas del Club de lectores 2.0, pueden hacerlo en los sitios habituales: Carmen, Newland y Desgraciaíto. Nos vemos el mes que viene con A cien millas de Manhattan.
Como somos unos locos, los lectores del Club de lectura 2.0 este año nos propusimos leer 15 libros juntos en lugar de 12, así que en verano había que apretar; en este mes de calor tocaba leer además de a Kundera, El lugar más feliz del mundo del nuevo y flamante director del periódico El Mundo, David Jiménez.
Confieso que no conocía a David Jiménez hasta que fue nombrado director de un periódico que ojeo (sí, sin h, cómo lo voy a hojear si hasta ahora no lo hubiera comprado jamás por conspiranoico y ahora leo casi exclusivamente en digital) de vez en cuando así que no tenía muchos prejuicios que derribar y, la verdad, después de la lectura de El lugar más feliz del mundo es posible que le preste más atención al periódico El Mundo, aunque sólo sea para ver qué reportajes de lugares remotos encuentro en él.
El lugar más feliz del mundo es un libro compuesto de pequeños cuadros costumbristas de lugares remotos pero, sobre todo, es un libro construido a través de las sensaciones de su autor, David Jiménez, reportero en Asia que se dedicaba a ir allá donde saltaba la noticia. No tener un sitio fijo en el que anclarse le ha dado la experiencia del viajero (no confundir viajero con turista) en una época en la que aún se podía viajar por el mundo, ir a lugares remotos y conocer de verdad la realidad de los sitios en vez que los parques temáticos para turistas que están ahora tan de moda y, en muchos casos, existen por motivos de seguridad y, ojo, esa cualidad del viajero nunca ha sido sencilla, ya se encarga Jiménez en contarnos cómo consigue, en muchos casos, visados a base de ocultar su condición de periodista en un mundo en el que el periodismo es cada vez un testigo más incómodo.
El libro está dividido en 6 partes: en la primera nos lleva de la mano por una serie de Lugares todos por supuesto exóticos y no aptos para todos los estómagos, después nos traslada a la dificultad especial que tienen las Fronteras, para enseñarnos a continuación algunas Calles en las que han tenido lugar acontecimientos históricos de relevancia y que, seguramente, todos recordamos (¿quién no recuerda al señor que se plantó delante de un tanque en la plaza de Tiananmen?); desde ahí visitamos algunas de las Celdas en las que sobreviven como pueden en condiciones inhumanas, después nos muestra algunos Amaneceres, esto es, pueblos que están empezando a despertar al mundo tal y como creemos que es el mundo y, por último, la parte que más me ha gustado de todas las del libro: Retornos, en la que David Jiménez vuelve a sitios en los que ya ha estado (en ocasiones nosotros también con él unas páginas más atrás) y nos muestra cómo han cambiado con el paso de los años.
El lugar más feliz del mundo es, como decía, un libro de sensaciones más que de historias (para las historias debieran ustedes leer los reportajes que salieron de cada viaje) y, por ello, es un libro para dejarse llevar, un libro que en el que no hace falta seguir un hilo y, si les soy sincera, ni siquiera hace falta recordar mucho de lo que cuenta como si de una historia ajena se tratara; al ser sensaciones cada historia puede haber sido incorporada a las propias anécdotas, olvidada o simplemente sentida, no es un libro para sacar grandes conclusiones, para aprender grandes historias, casi al contrario, es un libro para olvidar todo lo aprendido, para no dar nada por hecho, en palabras del propio autor:
cuanto más viajo, más experiencias acumulo y más mayor me hago, más me cuesta distinguir entre buenos y malos. Si me preguntan qué he aprendido en todos estos años, en la guerra, en la revolución, o en el desastre natural, diría que somos bruma. Nunca todo claridad, rara vez completa oscuridad.
Pueden leer el resto de reseñas del Club es los lugares habituales: Carmen, Newland, Desgraciaíto así como seguirnos en la página del Club de lectores en la que, además de las reseñas, se enlazan los podcast que hacemos sin regularidad alguna.
Nos vemos el 1 de septiembre con Vestido de novia de Pierre Lemaitre.
Querido lector, ¿Se ha preguntado usted alguna vez qué piensan los demás de usted? ¿Cree que la opinión que tienen lo demás de usted es favorable? ¿Es usted sincero con los demás y, sobre todo, con usted mismo? ¿Se avergüenza de algo que haya hecho lo suficiente como para negarlo aunque todo el mundo lo sepa? ¿estaría a gusto si alguien decidiera retratarlo -sin su consentimiento- en un libro y que este libro, encima, se convirtiera en la sensación de la temporada?
No se preocupe, no estoy escribiendo un libro sobre usted... ¡Cómo podría?... ¡si no nos conocemos! Todas las preguntas formuladas son las que la señorita Buncle les hubiera hecho a sus vecinos en caso de haberles pedido permiso, y es que la señorita Buncle carece de imaginación y necesita dinero por lo que no se le ha ocurrido otra cosa que escribir la historia de sus vecinos y el retrato, totalmente fiel a la realidad, ha disgustado profundamente a algunos de ellos tanto como ha deleitado a lectores por toda Inglaterra.
Nos encontramos en los años 30 y una depauperada señorita Buncle, que hasta entonces vivía de las rentas, escribe, por imperiosa necesidad, un retrato de sus vecinos en el que no omite detalle alguno; en realidad no hay nada vergonzoso, pero algunos de sus vecinos -totalmente British- viven de no hablar de ellos, de no haber sido nunca coristas -aunque lo fueron-, de no haber llevado jamás peluca -aunque la llevaron-, de no haber servido jamás comida fría -aunque lo hagan a diario-... y consideran que no hay nada más calumnioso que la realidad misma. La señorita Buncle, que no tiene imaginación pero tampoco es tonta, firma el libro al grito de ¡es que yo vivo ahí! como John Smith para poder seguir con su vida y ahí vamos a encontrar a los vecinos tratando de descubrir locamente quién es el dichoso señor Smith, porque lo único que saben -es lo razonable- es que el maldito escritor tiene que ser, a la fuerza, uno de sus vecinos (téngase en cuenta que firmar como John Smith sería como decir Perico de los Palotes, Fulanito o similares)
Con bastante incoherencia, añadió que el personaje de la señora Horsley Downs era detestable y no tenia nada que ver con ella, aunque obviamente se había hecho con mala intención, porque era exactamente igual que ella, y que por tanto era difamación en estado puro y debía castigarse con todo el rigor de la ley.
Pero atención, que aún no hemos llegado a lo más divertido del enredo; El libro de la señorita Buncle tiene dos partes, una que es retrato fiel -y horroriza a una buena parte de sus protagonistas, que se reconocen inmediatamente- y otra que transcurre después de que un niño haya tocado un caramillo (no tengo ni idea de qué es eso, recuérdenme que lo mire) cual flautista de Hamelin y provocado con su música que los vecinos del pueblo ficticio que es fiel reflejo del real den rienda suelta a sus deseos... y el retrato es tan fiel, tan fiel, que la señorita Buncle - que recordemos, una vez más, no tiene imaginación pero es tremendamente observadora- utiliza los deseos reales de los habitantes del pueblo, incluso aquellos que no se atrevían a confesarse a sí mismos... ¿y, como el niño, no les va a quedar otra que cumplirlos?
Es como... como alegórico -continuó Sally con seriedad-. Es un pueblecito horrible que solo sabe mirarse el ombligo, solo se preocupa de sus cosas, y se da mucha importancia, pero es puro engreimiento, petulancia, convencionalismo y satisfacción de sí mismo; de pronto, a los habitantes se les cae la venda de los ojos, se olvidan de los límites y actúan cada cual según su verdadera personalidad. Ya no es todo una farsa, son personas auténticas. Me parece maravilloso, la verdad.
El libro me ha parecido una delicia de principio a fin, muy british todo, muy de principios de siglo, muy divertido, muy aparentemente ingenuo... y digo aparentemente por el uso magistral que hace Stevenson (la sobrina de Stevenson) de los distintos niveles de lectura. En definitiva una lectura ligera absolutamente recomendable para el verano ¡Corran a leerlo!
El señor Abbott nunca había leído una novela sobre una mujer que escribe una novela sobre una mujer que escribe una novela. Parecía un juego de espejos.
Me chivan por el pinganillo que hemos sufrido un golpe de Estado, así que no tengo ni idea de qué libros vamos a leer en lo que queda de año... seguiremos informando.
Hoy se lanzarán cientos de personas a las redes sociales a decir que es mentira que Cervantes y Shakespeare murieran el mismo día, ya sea por la diferencia de calendarios que había, ya sea porque Cervantes murió realmente un día antes, ya sea por los Gnomos de Zurich... Sólo tengo una cosa que decirles:
¡PINCHAGLOBOS!
El año pasado, para celebrar el día del libro, día bonito donde los haya, se me ocurrió recomendar un libro para cada semana del año y, por no repetirme -que podría, será por libros já- este año vamos a dedicarnos a los autores; será una lista ecléctica, sin ton ni son, porque ellos lo valen.
Enero
Le vamos a dedicar enero a Stephen King, porque la mayoría de sus libros se leen mejor calentitos bajo una manta y con linterna, para reproducir mejor la experiencia que nos ofrece. Aunque apenas necesita presentación se trata, el señor King, de un autor que puede encandilar a gente de cualquier edad porque tiene libros para todos los gustos, y algunos son auténticas obras maestras... por ejemplo:
11/22/63
¿Qué harías si pudieras viajar a una fecha concreta y cambiar el pasado? Esa es la pregunta que responde y, en este caso, el cambio que quiere hacer el protagonista es evitar el asesinato de Kennedy. 11/22/63 no es una novela, es un novelón fantástico, de lo mejor que he leído en años; trepidante, tiene momentos de ternura, geopolítica, matiene la intriga altísima todo el tiempo sin hacerse nada pesada...
Maleficio
Esta novela la leí hace más de 20 años pero aún me sobrecoge, es mi favorita de este autor y precisamente por eso no me animo a revisitarla, no sea que la embellezca el recuerdo y no sea tan deliciosa, aunque buena es, sin duda. Un grupo de personas en un pueblo de la América profunda colabora para encubrir el atropello -y muerte- de una gitana y, a consecuencia de eso todos son maldecidos, pero no con una maldición cualquiera; el protagonista, por ejemplo, obeso mórbido habrá de morir, según la maldición delgado.
Febrero Borges, inteligencia fría pero inteligencia, y mucha. El gran constructor de mundos, capaz de meternos en una Babilonia inventada que reparte suertes como quien reparte loterías y así configura el mundo, o enseñarnos lo horrible que sería recordarlo todo, sólo recordarlo, sin necesidad de entenderlo; El mundo está lleno de referencias a sus obras, el cine, también, pero se nos escapan con frecuencia. No es un autor difícil, "sólo" muy profundo y excepcional y, además, no escribió novelas por lo que puede uno sumergirse en sus páginas como quien bucea y salir al terminar, para tomar oxígeno. Si tuviera que elegir un libro -son recopilaciones de cuentos cortos- me quedaría con Ficciones, si tuviera que elegir un solo cuento, La lotería de Babilonia pero... ¿para qué quedarse en un sólo cuento, en un solo libro? Lo mejor de Borges es que cuando lees uno sólo de sus textos quedas fascinado para siempre ¿cómo no hacerlo con el autor de Pierre Menard, autor del Quijote?
Marzo
Le vamos a dedicar marzo a Vargas Llosa ¿por qué? pues porque es su cumpleaños, ea. Durante muchos años admiré al escritor tanto como odiaba a la persona, cosas de la política que todo lo pudre; el problema viene cuando vemos cómo el 99% de lo que dijo Vargas Llosa sobre Fujimori no es que fuera cierto, es que se estaba quedando muy corto y, qué quieren que les diga, sigo discrepando muchísimo con él en un montón de cosas, pero me conquistó el discurso del Nobel de principio a fin y, además, me encanta su convencimiento tranquilo, su falta de atropello en lo que piensa y, sobre todo, lo ajenas que son sus obras a todo esto. ¡Oh! por cierto... muchas de las cosas que se le atribuyen a Mario, son de Álvaro, su hijo; no se queden sólo en el apellido.
La tía Julia y el escribidor
Cuenta la leyenda que siempre que le preguntan por esta obra, Mario Vargas Llosa sonríe y murmura entre dientes "menos mal que no tuve hermanas". Es una de las novelas más divertidas que he leído en mi vida, llegué a ella inmediatamente después de haber leído Pantaleón y las visitadoras que tiene un argumento muy divertido, que es muy famosa y le gusta mucho a todo el mundo pero... a mí me aburrió profundamente. Un escritor casi adolescente está perdidamente enamorado de su tía Julia, que además es quince años mayor que él ¿les suena la historia? ¿no? eso es que no saben apenas nada de la vida de Vargas Llosa... porque ese dato en concreto tiene mucho de biográfico.
La fiesta del chivo
Cambio total de registro. La fiesta del chivo es uno de los libros más duros que vas a leer en la vida, no porque llores -que no lloras- no porque haya escenas gores -que no las hay- sino por la sensación de impunidad total de los malvados, Trujillo, el dictador de República Dominicana en esta ocasión.
A mí me costó un trabajo ¡fíjense si es dura! Me explico: la estaba leyendo en ese momento y tenía una entrevista en un colegio de mucho relumbrón, la directora -una señora mayorcísima- y yo congeniábamos a las mil maravillas, todo fluía pero, como ella también era profesora de lengua en secundaria me preguntó por mis lecturas y cuando le dije todo -repito, todo- cambió; el nieto de Trujillo había sido su alumno en el colegio.
Abril
Si el día del libro cae en abril, digo yo que habrá que dedicarle el mes a uno de los responsables, a Shakespeare, para más señas. Qué decir de quien lo ha hecho todo en teatro y más allá del teatro, qué decir del creador de personajes tan significativos y significantes para nuestra cultura... porque ojo, que Shakespeare será inglés, pero yo me lo apunto entre los míos, como todo lo que me gusta ¡faltaría más! Fijense sí Shakespeare es bueno que, a pesar de lo mucho que se pierde al traducir (sus versos son estupendos) es impresionante lo que nos deja en todas sus obras y lo mucho que estas han calado en nuestra cultura... Como todos sabemos qué ocurre en ellas, me voy a limitar a escoger unos pocos versos en las dos que he escogido, ea.
El Mercader de Venecia
¿Se les ocurre un mejor canto a la tolerancia? y ¡ojo! Shakespeare es un autor de su época, con las ideas de su época y Shylock un personaje odioso.
Macbeth
He ido tan lejos en el lago de la sangre, que si no avanzara más, el retroceder sería tan difícil como el ganar la otra orilla. Siento en la cabeza extrañas cosas que quieren pasar a mi mano y que hay que cumplir antes que puedan meditarse.
Una vez que empiezas a enfangarte, para justificar haberte metido en el lodo tienes que conseguir el objetivo... y esa es la respuesta a por qué muchas cosas siguen pasando sin sentido alguno... Mayo
Lo habré contado unas diecisiete veces: el día que murió Benedetti, mis alumnos me dieron el pésame, así que ya se imaginarán mi amor por este autor que no sólo escribe maravillosamente y es maravillosamente lúcido, sino que encima es tan buena gente que cuanto tuvo que volver a Uruguay para salvar a un amigo en lo peor de la dictadura, lo hizo porque, según decía es mejor morir torturado que morir de vergüenza. De Benedetti hasta los andares pero, como en esta vida hay que escoger nos vamos a decantar, para seguir la coherencia del post, por dos al azar
Primavera con una esquina rota
Porque si no la recomiendo, no soy yo. En esta novela se mezcla el exilio, la ternura y lo difícil que es decidir seguir viviendo cuando alguien queda atrás esperando que, cuando te alcance, seguirás siendo la misma de antes. El amor y la culpa. la esperanza y la injusticia. Todo en una novelita de apenas 200 páginas llenas de poesía.
El cumpleaños de Juan Ángel
No es exactamente una novela, es un experimento de lo más curioso: en un sólo día va pasando la vida del personaje, aparecen y desaparecen personajes, recuerdos, vivencias. Es de lectura pausada, porque si no es fácil perderse, pero una delicia de principio a fin.... Como curiosidad: podemos pensar lo que sea del subcomandante Marcos pero sabemos que es un hombre culto ¿saben por qué se llama así? ¿por qué precisamente "Marcos"? exacto, por esta novela; hay un momento en el que son guerrilla y huyen, Marcos se queda atrás para que sus compañeros se salven, cada vez que un compañero se mete en la alcantarilla para huir, antes de descender, se da la vuelta y dice "espero que sobrevivas, Marcos" y esa frase, a partir de ese momento, martillea al lector... ¿no les lleva a reflexionar, aunque sea un segundo, sobre por qué el subcomandante Marcos elige precisamente ese nombre?
Junio
El mes que empieza el verano es mi cumple y como soy un poco cabeza de chorlito, para mi cumple he escogido un autor que para mí represente sólo ternura, y nada más; que cuente historias bonitas, con finales bonitos, de gente sencilla, con vidas sencillas; que cuente una historia llena de belleza, pero belleza de lo pequeño, de lo accesible, una historia que puede ser la mía y así llenar mi caótico mundo también de cosas simples... y sólo me viene a la cabeza Hornby
Juliet, desnuda
Estoy profundamente enamorada de esta novela. Léanla y enamorense también. Como es Hornby todo gira en torno a la música; un autor perdido, fans sobreinterpretando sus letras, sus actos, sus intenciones... el autor reaparece con un nuevo álbum, pero no es nuevo, es el mejor que tiene Juliet pero, esta vez "en bruto", los protagonistas, una pareja que sigue unida porque no hay nada mejor que hacer, tienen opiniones diferentes y así lo hacen saber en los foros... y entonces el mundo cambia.
Alta fidelidad
Una tienda de discos, un hombre abandonado por su novia... Todos le hemos puesto banda sonora a nuestras vidas, pues esta novela es así, la banda sonora de un hombre que no entiende nada de lo que le está pasando porque no prestó suficiente atención.
Julio y agosto
Le vamos a dedicar el verano a un único autor y un libro que en realidad son dos. Dedicamos abril a Shakespeare, pero nos faltaba la otra pata del banco, así que el verano va a ser para Cervantes ¿para quién si no?
Quien no haya leído a Cervantes, ya sea por manido, por pereza, por "huy qué antiguo", por "esto lo estudié en el cole y ya me lo sé"... no sabe lo que se pierde porque no tiene, y permítanme la expresión, ni puta idea. Le he dedicado cursos enteros al Quijote y ni todas las explicaciones, ni todos los ensayos, tesis doctorales, exámenes y peripecias varias pueden emular la experiencia de leer el Quijote uno mismo, la cantidad de mundos que tiene dentro de sí, la cantidad de cosas que cambia y sigue cambiando y lo divertidísimo que es. No se dejen llevar por los prejuicios, merece la pena muchísimo más de lo que puedan imaginar. ¡Eh! y leanlo entero, que la segunda parte es mucho mejor que la primera!
Septiembre
Fue el primer autor que escribí y llevo desde que empecé cambiándolo de mes y no sé muy por qué en septiembre, si a Gabriel García Márquez se le puede leer en cualquier momento. No es el autor que inventó el realismo mágico, ni siquiera todas sus obras lo usan... casi pareciera que nadie sabe lo que es eso de "realismo mágico" así que, aquí va una breve explicación:
El realismo mágico no es que lluevan flores amarillas cuando muere Buendía, o al menos no es sólo eso; tiene una contrapartida y es que lo que es real -el hielo, que la tierra sea redonda, por ejemplo- se vive en la novela como algo absolutamente mágico mientras se convive sin mayor problema y casi sin sorpresa con personajes que vuelven de la muerte porque se aburren. Esa fusión de lo mágico "normalizado" con lo real "hecho mágico" es realismo mágico.
Memoria de mis putas tristes
Un anciano se enamora de una joven prostituta y ahí, como dice la novela, empieza a vivir, cuando todos sus amigos se estaban muriendo. Es su última novela y es preciosa, si sólo tuviera esa, también lo conoceríamos y admiraríamos, no les digo más.
Crónica de una muerte anunciada
El final está en el título, la novela comienza "el día que lo iban a matar [...]" y, aún así, nos pasamos las últimas páginas con el corazón encogido, pidiéndole a Santiago que corra, que se salve.
Como curiosidad: la novela está basada en algo que Gabriel García Márquez conoció no recuerdo si es Aracataca o algún otro lugar perdido en Colombia; la única diferencia es que, en la realidad, la madre del asesinado le cerró la puerta cuando estaba al borde de la salvación, porque no quería problemas en casa y, como se trataba de un asunto de honor, pensó que se limitarían a darle una paliza.
Octubre
Le dedico octubre a Almudena Grandes porque es mi mes favorito del año y porque fue un mes de octubre cuando leí Malena es un nombre de tango, un novelón generacional que, como a tantas otras mujeres de mi edad, le cambiaría la vida. Fíjense que, por culpa de esta autora, elegí el tema que elegí para terminar el Máster del averno y ahora no sé muy bien cómo zafarme del lío más allá de, sencillamente, terminarlo de una buena vez. Si de esta autora han leído sus artículos de prensa, olvídenlos, es una autora muy cuerda, muy consistente y muy interesante. Hace novelas que siguen estructuras de novela -y eso es mucho en un momento en el que pareciera que todo el mundo quiere innovar y salen disparates- y convencen al lector.
Malena es un nombre de tango
Como decía, novela generacional. Malena es una niña bien, en una familia bien, con una hermana bien... que no encaja, que quiere ser libre, que quiere ser más, enamorarse perdidamente, vivir grandes aventuras, no tener siempre la palabra precisa, la sonrisa perfecta... y paga un precio muy alto por ello, siempre. Sabina estaba en lo cierto, las niñas (de mi generación) ya no queríamos ser princesas, queríamos ser Malena, aunque ella estaría atónita si lo supiera.
Atlas de geografía humana
Cuatro personajes, cuatro historias y un solo hilo conductor, la realización de un atlas por parte de la editorial en la que trabajan. Cuatro mujeres de verdad, valientes y cobardes, con sus miedos y sus pequeñas heroicidades. Como experimento es interesante leerla a continuación de Malena... o diez años después como me pasó a mí (es que no estaba publicada cuando terminé Malena) y descubrir que cualquiera de las protagonistas podría ser ella, cualquiera de nosotras entonces, con diez años más.
Me he saltado las que conforman los Episodidos de una Guerra Interminable porque estoy un poco hasta las narices de escribir sobre ellos a cuenta del Máster del averno ¡pero léanlos!
Noviembre
Como empieza a hacer frío, mucho, mucho frío, es el mes de ponerse a leer novelones con una manta y un café para calentarnos por dentro. Estaba dudando entre los dos maravilllosos autores realistas que tenemos, así que he decidido no escoger, ea, y quedarme con los dos, que son muy diferentes entre sí, pero coinciden en una cosa ¡son geniales! y es que de Clarín y Galdós no acepto ni una sola crítica oiga, que no se imagina usted lo vigentes que están. Ahora bien, no se asuste, que sólo hablaré de una novela de cada uno, que este texto ya está quedando que ni los artículos de jondaun oiga.
De Clarín vamos con La Regenta, aunque podría haber sido Su único hijo también, pero una tiene sus preferencias inexplicables. Como es realismo nos pasamos la vida pensando en Madame Bovary y, me van a perdonar, pero la supera con creces porque tenemos a la heroína del realismo, igual que Emma, igual de Anna Karenina, pero es que, además, Ana Ozores está rodeada de un protagonista colectivo llamado Vetusta que la maneja como si fuera una hoja zarandeada por el viento. La bondad, la maldad, la manipulación, la iglesia, el poder político, la maledicencia, la libertad, el beatismo... todo está en esta novela y todo merece la pena.
De Galdós (¡Es Galdooooos!) hay que elegir Fortunata y Jacintapara darse cuenta, por si no lo habías hecho antes leyendo cualquiera de las novelas de Galdós, de lo maravilloso que era no sólo como escritor sino como ser humano. Dos mujeres enamoradas de un mismo hombre y todo lo que eso supone, una es rica, la otra es pobre, y a pesar del XIX ninguna ha de ser condenada, más bien al contrario porque él es el que está obrando mal por mentir, por ser despreciable, por ser un hombre absurdo que sólo merece desprecio... y no es una historia de amor, que todo hay que decirlo.
Diciembre
Y por fin, después de tanta chapa, has llegado hasta aquí, para encontrarnos, porque ella lo vale, con Carmen Martín Gaite, una autora que nos muestra a lo largo de su trayectoria la situación de las mujeres en España (y no se engañen, no es tan diferente a la de otros países... quizá más tardía) y eso se ve, a la perfección, si elegimos dos obras y las leemos en el orden en el que fueron escritas, con décadas entre ellas:
Entre visillos
La vida vacua de las mujeres que son educadas para ser observadas, para ser pasivas, para no ser nada más que lo que su hombre -padre, marido, hermano- quiera hacer de ellas... así no se puede, y sobre todo no se debe, vivir, porque no es de verdad.
Irse de casa
Una mujer de mundo dando vueltas locamente por ahí, otras que no son tan libres y no dan tantas vueltas, pero son mujeres de la época en la que fue escrita y tan distintas de las de Entre visillos que casi da miedo... pero produce alegría ver cómo cambian las cosas.
El año pasado fueron 52, este años sólo 12 así que no hay excusas*. Lean, lean mucho.
*Ningún autor ha sido dañado en la realización de este post.
Ayaan Hirsi es una feminista de origen somalí que, curiosamente, es denostada por una parte numerosa (me niego, por pudor, a usar ahí el adjetivo "importante") de las feministas occidentales, esas mismas feministas radicales que comparan la ablación de niñas con llevar tacones, que llaman burka occidental a la depilación y no mueren inmediatamente de vergüenza o que -y me enterado hoy mismo por un artículo de Muñoz Molina ¡de hace 15 años!- comparan la forma de describir el hecho biológico de la fecundación del óvulo ¡¡con una violación masiva!!... para esas "feministas" Ayaan Hirsi no vale... pues qué quieren que les diga ¡con su pan se lo coman!
Cuando las mujeres musulmanas afrontan no ya la opresión sino la muerte violenta, ¿por qué las feministas no protestan contra sus opresores? ¿Dónde están las grandes defensoras que impulsaron el movimiento contemporáneo por la igualdad de las mujeres en occidente? ¿Dónde, por poner sólo un ejemplo, está Germaine Greer, autora de clásicos del feminismo occidental como La mujer eunuco? Greer considera que la mutilación genital de niñas debe analizarse en su contexto. Intentar ponerle fin, ha escrito, representaría "un ataque contra la identidad cultural"
Hablamos, para mayor escarnio, de una mujer que tiene que ir con escolta por defender la civilización occidental frente al islamismo radical especialmente en el trato que este les da a las mujeres; algo que, para más señas, cuenta desde su propia experiencia vital, las vivencias de sus primos, la muerte de su padre... En Nómada nos encontramos con una nueva migración, esta vez a EE.UU., quizá la definitiva en una mujer que ha migrado tanto, y allí, en EE.UU. vemos cómo a los hechos ya vividos se suma una nueva visión que la reafirma, aún más, en sus posiciones.
Abuela, yo ya no vivo en el pasado. El mundo empezó a a cambiar durante tu existencia y tus viejos modos de hacer han dejado de servirme. Te quiero y guardo como un tesoro algunos de mis recuerdos de Somalia, pero no todos. Ahora bien, yo ya no serviré a nuestra estirpe ni a Alá nunca más. Y puesto que los modos de vivir del pasado atenazan las vidas de muchas personas de nuestro pueblo, incluso lucharé por convencer a los nómadas como yo de adoptar el estilo de vida de los infieles.
En Nómada, como se ve en el párrafo precedente, confirma su abrazo a los valores de la Ilustración y su rechazo a la represión que sufrió en nombre de su clan y de su religión así como denuncia cómo valores dañinos están penetrando en occidente a pasos agigantados mientras miramos graciosamente para otro lado en nombre de la buena intención... Hay quien confunde esa denuncia que hace con xenofobia, pero, según la autora -refugiada somalí que se integró en Holanda hasta el punto de que llegó a ocupar un escaño en el parlamento por un partido votado por muchos xenófobos-, es al contrario, lo racista es no ayudar a la integración plena de los inmigrantes, lo racista es no compartir con ellos los logros de la civilización occidental.
Una cultura que celebra la feminidad y considera a las mujeres dueñas de sus propias vidas es mejor que una cultura que mutila los genitales de las niñas y las confina entre paredes y tras velos o las azota y las lapida por enamorarse. Una cultura que protege los derechos de la mujer por ley es mejor que una cultura en la que la ley permite a un hombre tener cuatro esposas simultáneas y niega a las mujeres la pensión alimenticia y la mitad de su herencia. Una cultura que designa a mujeres para el Tribuna Supremo es mejor que una cultura que declara que el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. Forma parte de la cultura musulmana oprimir a las mujeres y de todas las culturas tribales institucionalizar el mecenazgo, el nepotismo y la corrupción. La cultura occidental de la Ilustración es mejor.
Este párrafo puede ser muy políticamente incorrecto pero le ruego al lector que responda a estas preguntas ¿es mejor la mutilación femenina? ¿es mejor que por ley las mujeres valgan menos que los hombres? ¿es mejor azotar a las mujeres por elegir sus parejas por sí mismas? ¿es mejor que la mitad de la población no vaya jamás a la escuela? Porque, y desde mi punto de vista ahí está el acierto de esta autora -con la que no comparto ni un poquito su ideología político-económica- es que, observando cómo trata un grupo humano X a sus mujeres, podemos saber cómo son y, lo siento en el alma, hay culturas que son mejores que otras; no es una cuestión "sólo" feminista (pongo "sólo" entre comillas porque hay mucha gente confusa para la que el hecho de que algo sea "feminista" es -en una mala interpretación de lo que significa- malo), es que las mujeres somos la mitad de la especie; si a un niño lo educa la tribu y la mitad de la tribu es analfabeta y vive sometida psicológica y físicamente por la otra mitad en nombre de [inserte aquí la etnia, religión, ideología, whatever que más rabia le dé] ¿es eso mejor? ¿en serio?
Pero en Nómada no todo es malo; tras contener la respiración durante muchos capítulos en los que narra, insisto, vivencias que conoce de primera mano o por su propia familia (entiéndase familia en términos extensos), fracasos en la integración de quienes no renuncian a sus raíces más hondas a pesar del lastre que suponen (hablamos de no tratarse un sida, por ejemplo, por no aceptar la propia sexualidad) y que están cimentados, en muchas casos, en la buena intención de mucha gente buena (no es un error, he usado dos veces buena a propósito), Ayaan Hirsi nos da un margen para la esperanza, para ella "la mente musulmana puede abrirse" y dedica la última parte del libro a explicar cómo conseguirlo, de hecho recibe cartas de gente que ya lo ha conseguido igual que lo consiguió ella; desde su punto de vista, puede y debe abrirse esa mente, es una tarea urgente pero no exenta de riesgos.
No es trivial saber que, incluso en Occidente, si uno critica o siquiera analiza una religión concreta puede necesitar protección el resto de su vida, que si uno expresa abiertamente su opinión acerca del islam puede suscitar disturbios o incluso una campaña internacional a gran escala y quizá convertirse en un objetivo acechado, condenado al ostracismo e incluso ser asesinado. Es una opción desagradable. La mayoría de las personas, de manera consciente o inconsciente, lo evitan. El miedo surte efecto
Nos hablará de educación, de proselitismo religioso (tiene gracia en una atea, pero está tan bien justificado en el libro que a mí me ha convencido), de feminismo (ya basta de este feminismo trasnochado, de low cost, que se indigna por pixelar un desnudo y llama bulo a una fatwa real y peligrosa, que llama burka a algo que por mucha presión social que haya sigue siendo voluntario y no conlleva muerte, que compara la ablación de niñas con llevar tacones) pero, sobre todo, la receta para luchar contra los nuevos mil años de oscuridad que se nos vienen encima como sigamos sintiendo y consintiendo nostalgia de la tribu es la de compartir generosamente el legado de la Ilustración al que tan absurdamente estamos renunciando.
Vaya por delante que me había confundido de medio a medio con la última película de Soderbergh; daba por hecho que iba a ver algo similar a Traffic pero sobre las empresas farmacéuticas y, aunque soy más bien tirando a poco conspiranoica -de hecho abofetearía a todos los antivacunas-, sabía que, siendo Soderbergh, sería interesante, que sería coral y mostraría las bondades y maldades de las empresas... Craso error.
Efectos secundarios es una película de puro Soderbergh, pero no el que hizo Traffic o Contagio sino el Soderbregh que hizo Ocean's eleven, pero, con la ventaja de que aúna lo mejor de los dos mundos, es decir, es entretenida como Ocean's eleven y "sesuda" como Traffic y, por una vez, la dosificación de la información, con todas sus trampas (este director siempre las tiende), hace que el espectador pase más de la mitad de la película sorprendido.
Jude Law lo tiene todo: una mujer estupenda, un hijastro que lo adora, una consulta con dos colegas de renombre... por azares de la vida se convierte en el psiquiatra de una mujer terriblemente deprimida, interpretada por Rooney Mara; Emily (la depresiva) es una joven y frágil mujer que tiene que enfrentarse a la vuelta de su marido tras cuatro años de prisión (por abuso de información privilegiada, es decir, en su "profesión" -por desgracia- la cárcel no es un factor a tener en cuentas como sí lo es para el que se dedica a atracar bancos); lo que debería ser un momento dichoso no sólo no lo es, sino que le provoca una depresión terrible (que incluye varios intentos de suicidio) y a quien la medicación no termina de arreglarle la papeleta hasta que aparece un maravilloso producto nuevo, anunciado en televisión, que ni la atonta ni le provoca insomnio pero que tiene una pega, le provoca sonambulismo y, en una de sus expediciones sonámbulas, mata a su marido...
A partir de aquí tenemos un dilema ¿asesina o mala praxis? es decir, si el pobre pajarillo, enamorada hasta las trancas pero deprimida, ha matado a su marido estando dormida porque uno de los efectos secundarios de la medicación es el sonambulismo no es responsable ¿o sí? No hay intención ¿o sí? Sea como sea el psiquiatra decide ayudarla, considera que no debe ir a prisión, nadie le había dicho que ya había sufrido episodios de sonambulismo en el pasado pero, como médico, antes de recetar algo con esos efectos, debería haber preguntado ¿o no? ¿Cómo es posible que su anterior psiquiatra - Catherine Z Jones- no le hubiera dicho nada? ¿o debería haber preguntado él?
Y entonces todo se va a al mierda, y todo empieza a girar en uno u otro sentido... y hasta aquí puedo leer, porque además del dilema que se plantea, de difícil solución, tiene bastante más de lo que parece a primera vista. No diría que me ha parecido maravillosa pero no sólo es interesante por lo que plantea, es entretenida y, gracias al suspense, podría haber sido firmada -salvando las distancias- por el mismísimo Hitchcock... sí, como suena, no está a la altura ¿Qué película lo está? de Psicosis pero quizá sí sea un Marnie la ladrona más complicado.
El libro de este mes para el Club de lectura 2.0 es la novela insignia, junto con La muerte de Artemio Cruz, del maestro mexicano de la prosa: Carlos Fuentes.
Vaya por delante que a mis compañeros del club de lectura 2.0 el libro -que elegí yo- les ha parecido espantoso y aburrido (aunque coinciden -coincidimos- en que está muy bien escrito) pero yo, aunque reconozco que la novela tiene sus partes arduas, no consigo estar del todo de acuerdo por dos motivos: el primero porque cuando la leí hace más de diez años (veo ahora con sorpresa que entonces estaba recién publicada) me pareció TAN fascinante que, si la elegí, fue porque quería compartirla con mis contertulios y, el segundo y fundamental, porque muchos de los "defectos" que le achacan al texto de Fuentes (un señor de los pies a la cabeza) son perfectamente achacables a cualquier novela latinoamericana, desde la confusión en algunas partes (explíqueme usted Pedro Páramo), hasta la repetición de nombres (explíqueme usted quién es quién en Cien años de soledad) pasando por la indefinición de algunos personajes (¿hablamos del gaucho Don Segundo Sombra o de Facundo?)
Los años con Laura Díaz no es una novela fácil, cierto, tiene partes complicadas y muy complicadas, sí, a ratos se hace pesada, sí; pero refleja lo que es la literatura en español en un siglo que ofreció poco de este lado del Atlántico (poco en comparación) y si Pedro Páramo, todo confusión (aunque tengo que volver a leerle, a ver si a la cuarta la entiendo del todo), es una gran novela -que lo es- me niego a pensar que Fuentes no sea un genio, aunque haya partes que me hayan costado mucho, ahora que estoy tan desentrenada en la confusión de la que tanto gustan nuestros compañeros de idioma.
Hay que decir que, a pesar del título, esta novela no narra la vida de Laura Díaz; Laura Díaz no es más que una excusa para contarnos parte de la peculiar historia del México del siglo XX sin molestarse en embellecerla. Por los años que vive Laura Díaz, siempre Díaz, siempre Laura, transitan personajes que pertenecen a la historia universal de la cultura y multitud de historias que contar; de la mano de Laura Díaz, que parece una Alcántara más ya que está en todos los hechos que importan, recorremos la historia sentimental de México desde antes de la Revolución, pasando por esta y su posterior desencanto con el asentamiento del PRI, nos zambullimos en la vida -por llamarlo de alguna manera- de Frida y Rivera (me pregunto si se puede contar el siglo XX sin ellos), vemos la llegada de los exiliados desde España (recordemos que México acogió al gobierno republicano), la de los exiliados por el macartismo (sin duda una de las partes más interesantes de esta novela llena de nombres propios), sufrimos el horror de la Plaza de Tlatelolco (Tian'anmen antes de Tian'anmen) y volvemos a la magia de una mujer que se despide del mundo como antes se habían despedido sus tías, dos mujeres que parecen sacadas de La casa de los espíritus, pero que no se llaman Alba, ni Clara, ni Blanca, ni nada que tenga que ver con la luz, sino Hilda (heroína luchadora) y Virginia (este no hace falda explicarlo) que pasan la vida lamentando no poder vivir su arte.
La vida de Laura Díaz no importa, salvo cuando la Historia con mayúsculas le da paso, y vemos la vida de los migrados alemanes y cómo se adaptaron a esa tierra nueva que tenía tanto que ofrecer a los que migraban de un continente entonces agotado; los tiempos de los forajidos que vivieron los abuelos de Laura (y del propio Fuentes), los tiempos de los bailes de salón y las mujeres que deciden no resignarse a ser sólo esposas y madres (fenómeno que se da mucho en México a principios del siglo XX y muy poco en otros sitios... sí, ese México machista que todos tenemos en la cabeza era muy diferente en puertas de la Revolución) Vemos una mujer que, como excusa para insertar temas nuevos, se entusiasma con la Revolución cuando se entusiasma con los valores de su medio hermano y casi amante platónico, Santiago, así como se decepciona porque, una vez asentada, esta está representada por el patán y rata traidora de su cobarde marido de humo; Una vida como excusa que nos enseña los arribismos del PRI con su hijo Danton frente al México colorista y mítico de Santiago II. Vemos sus amoríos sin pasión de una mujer apasionada hasta que se produce la explosión del exiliado Maura, que no puede vivir con calma porque no puede dejar de intentar salvar a Raquel porque no salvó a Teresa y porque -como dijo Benedetti en una ocasión- prefiere morir torturado que morir de vergüenza, y se vuelve a enamorar de otro luchador al que no entiende y que oculta un secreto vergonzante, o no, o sí, o quién sabe... Y un largo etcétera de cosas que pasaron en la vida de una sola persona si tuvo a bien venir al mundo a principios del XX en México y tuvo una larga vida, una vida como la de Laura Díaz, Laura la apasionada, Díaz la inconformista, Laura Díaz la luchadora.
Pero no es un libro para leer una tarde de verano, ni una semana perdida... Se trata de un libro difícil no sólo por su densidad (y tamaño, que no es precisamente corto) sino porque hay partes que directamente cuesta entender, y que obligan al lector a volver sobre sus pasos para entender qué demonios cuenta sobre el exilio y la guerra de España y que, quizá, exijan una mínima noción sobre la historia de México (aunque me resisto a creer que alguien no haya oído hablar de la Revolución mexicana o de Frida Kalho, aunque sólo sea por las películas de Hollywood) pero, si te gusta el realismo y también te gusta Rayuela y su no sé qué, puede que este te encante, si estás saturado de realismo (prueba a pasar un año leyendo sólo eso y verás) y necesitas las cosas bien claritas, quizá este no es un libro para ti. La crítica lo adora, yo en su día fui una estudiante de filología hispánica y lo adoré... Ahora, con unos cuantos años más no me ha vuelto loca y de hecho me ha costado un montón -no me refiero a terminarlo, su sola lectura me ha supuesto esfuerzo (es decir, lectura más activa que de costumbre, y yo leo generalmente con un lápiz y dos cuadernos)-, pero a la semana de haberlo terminado por segunda vez empiezo a ver sólo sus virtudes y me arrepiento de no haberlo defendido con uñas y dientes cuando hablamos de si nos ha gustado o no hace sólo dos días... ¿Será que, como un buen vino, Los años con Laura Díaz,necesita reposo? ¿Te atreves a intentarlo?
Las reseñas de mis compañeros de Club de lectura 2.0 las puedes ver en los sitios habituales: aquí está Bichejo, aquí está Carmen y aquí está Desgraciaíto... También está Merichán, que tan pronto nos deja.
El mes que viene Tony Judt con Algo va mal, libro que reseñé hace no tanto pero que tengo ganas de volver a leer, que con Judt siempre se aprende algo, y digo "el mes que viene" en términos literales, porque cambiamos la fecha de publicación del día 15 al día 1, para que el "mes dedicado al libro" sea un mes natural.
Así que ya sabes, Te esperamos en México hasta mayo, te esperamos en el derrumbe de la socialdemocracia a partir de entonces ¿nos acompañas?
A lo largo de los últimos años, por motivos profesionales, me he visto obligada a leer unos cuantos libros juveniles que, en su mayor parte, repelerían a cualquier lector más allá de los quince años (no voy a caer en eso de que se trata a niños y adolescentes como si fueran tontos, que a mí también me pareció fascinante en su momento Fray Perico y su borrico)
[Digresión] Por si alguien no lo sabe, la razón por la que desde los colegios se manda leer lo que se manda leer en lugar de un buen Julio Verne es que, generalmente, existen acuerdos con editoriales y, seamos justos, a ellos les gusta mucho Todos los detectives se llaman Flanagan. [/Digresión]
Afortunadamente hay una barrera, que yo fijaría más o menos a los quince años, en la que cualquier ser de la tierra te tiraría a la cara las aventuras del detective Flanagan que tanta gracia le hicieron tan solo un año antes y el mundo de los libros se hace mucho interesante y, sobre todo, mucho más oscuro y aparecen novelas en las que la etiqueta juvenil se basa fundamentalmente en que el protagonista tiene esa edad y no es un drama espeluznante (o no es sólo un drama espeluznante) Entre ellos se encuentra la trilogía de Los juegos del hambre de Suzanne Collins que, como buena trilogía, está construida de tal manera que en el primero tenemos una historia que bien podría haber quedado cerrada pero que, si decidimos avanzar al segundo, nos encontramos con que, si no queremos quedarnos a medias, por narices hemos de leer el tercero... y como buena trilogía el primero es mucho más potente, quizá por el efecto sorpresa, que los otros dos... juntos.
En un mundo post apocalíptico, un país (¿único?) llamado Panem (que corresponde a lo que hoy sería una parte de Estados Unidos) tiene una sociedad profundamente injusta en la que doce distritos mantienen, a fuerza de miseria y hambre, a un decimotercero a todo lujo y derroche que recibe el nombre de Capitolio. En un tiempo anterior a los sucesos narrados en la trilogía, los doce distritos (que entonces eran trece) se rebelaron y, como buen drama, fueron aplastados por el poderoso Capitolio que los condenó, además de a todas las arbitrariedades imaginables, a mandar a dos de sus jóvenes de entre doce y dieciocho años (un chico y una chica) a un juego macabro en el que, como tributos, tienen que matarse entre sí hasta que solo quede uno; la elección de los dos tributos se hace por sorteo pero, para sumar aún más infamia, los nombres de los más pobres aparecerán más de una vez ya que, al introducir más veces su nombre en el sorteo, pueden conseguir así algo de comida para sus familias; la única manera de escapar de los macabros juegos del hambre (nombre elegido a propósito para que la humillación sea más palpable) es que alguien se ofrezca voluntario para sustituir al que ha tenido la mala suerte de ser elegido y ¿quién demonios se puede ofrecer a matar o ser matado para diversión de quien te exprime?
A partir de aquí todo es espectáculo, y la autora no se corta un pelo a la hora de explicitar detalles macabros, en el que vemos cómo los tributos son preparados para ser más vistosos (como si la sangre no fuera suficiente) sabiendo, en todo momento, que no pueden negarse pues cuanto más vistosos sean más posibilidades tendrán de que sus patrocinadores (sí, como en la Formula1) les den algún tipo de ayuda durante el juego. No puedo hablar del segundo y tercero sin desvelar la trama así que sólo diré: atención a los giros que da la historia tras los juegos, impensables en nuestra mente de ciudadanos pero verosímiles en el universo de Panem.
En definitiva podríamos comparar Los juegos del hambre, En llamas y Sinsajo con otras novelas distópicas para adultos (salvando las distancias que tampoco hay que exagerar, no sea que Orwell y Huxley nos maldigan con razón) construidas para que, leyendo el horror descrito por Collins página tras página de la vida en un estado totalitario y cruel, los jóvenes de hoy se den cuenta de que el programa Gran Hermano es más degradante para el que lo ve que para el que lo vive y, en una lectura más profunda pero sin hacer demasiados esfuerzos, también se den cuenta de que la libertad, discutida y discutible, de la que hoy disfrutamos es algo que hay que luchar cada día porque cuando falta el pan, el circo más que animar, destruye.
No he visto la película todavía y me cuesta pensar cómo se ha llevado a imágenes (sobre todo porque es paradógico que parte de la denuncia de los libros tenga que ver con que de todo hagamos un espectáculo) por lo que lo único que puedo decir al respecto es que si bien Jennifer Lawrence es una estupendísima actriz (en Winters bone queda meridiano que hay futuro en el cine) no la veo en el papel por una razón muy simple, es una preciosidad, como lo es Katniss, pero está lejos de parecer una adolescente que ha de cazar para no morir de hambre.