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Honrarás a tu padre

Si la gente obedeciera las leyes, no habría Mafia. Si la policía fuera capaz de resistir la corrupción, si los jueces y los políticos fueran insobornables, no habría Mafia, porque la Mafia no podía existir sin la cooperación de los demás.
El libro elegido este mes en el Club de lectores 2.0 es Honrarás a tu padre de Gay Talese, un libro de mafiosos... Así contado en una sola frase parece un libro donde va a haber muerte y destrucción, historias tan fascinantes como aterradoras, donde habrá bajos fondos, familias, vendettas y muchos, muchos tiros. 

La primera en la frente, Honrarás a tu padre no es una novela sino la historia, absolutamente real (bueno, no sé yo hasta qué punto el retrato amable de Bill Bonanno es 100% fiel a la realidad), de los últimos coletazos de la mafia tal y como nos la imaginamos, es decir, después de los que se hicieron con todo durante la prohibición y cuyos nombres todos conocemos -Capone, Lucciano et al.- llegó gente como Joseph Bonnano que consiguió a duras penas sostener un poco -pero no mucho- el chiringuito; pues Honrarás a tu padre es la historia del hijo de Joseph Bonnano, Salvatore -Bill- Bonnano.
La segunda, aunque esa ya me la esperaba después de haberme espeluznado con las páginas de Gomorra hace unos años, es que la mafia no es como nos la imaginamos, no lo era en tiempos de Capone y desde luego, y lean a Saviano si no lo han hecho ya, no lo es hoy en absoluto. 
Y hay, además, una tercera cuestión y es que la gran debilidad de Honrarás a tu padre es, a la vez, su mayor fortaleza, me explico: el libro traza un retrato lo más fiel posible de la vida de Bill Bonnano desde la ¿desaparición? ¿secuestro? ¿huida? whatever de su padre, Joseph Bananas Bonanno, hasta su ingreso en prisión con un epílogo que nos lleva, aunque brevemente y con grandes saltos, desde ese ingreso en prisión hasta su muerte (el citado epílogo se centra, básicamente, en un qué fue de los hijos de Bill Bonanno y la génesis del relato, más que en Bill Bonanno en sí) y en vez de encontrarnos una vida llena de aventuras con un villano mafioso al estilo de Capone en Los intocables de Eliot Ness o un hombre de negocios mafioso al estilo de Vito Corleone en El Padrino, lo que encontramos en una vida normal de un señor normal que tiene un trabajo peculiar que no ha elegido y vive, o mejor dicho, sobrevive, como buenamente puede dentro de un código de conducta que ni le simpatiza ni le deja de simpatizar, que simplemente estaba ahí y jamás se ha cuestionado de la misma forma que no se cuestiona que el sol sale por el este.

Honrarás a tu padre es, en definitiva, una cuestión de cotidianeidades, veremos a Bill tratando de que no se le caiga la empresa cuando su padre desaparece, le veremos ponerle los cuernos a Rosalie y tener un hijo con su amante para, después, recomponer su matrimonio con ella no por obligación, sino porque realmente lo desea (¿recuerdan cuando Diane Keaton es expulsada de la casa Corleone? Pues hubo un tiempo en la vida de Bill Bonanno en el que Rosalie, su mujer, se marcha con los cuatro niños y no mandan matones a buscarla, puede entrar y salir, puede abandonarlo y volver si ella quiere y él la acepta... un matrimonio normal -si es que eso existe- bastante alejado de la imagen que tenemos del asunto), veremos a Bill sufriendo por pagar las facturas y entrando en la cárcel por absurdeces (no me entiendan mal, son delitos, pero suena a lo metemos por lo que sea como la evasión fiscal de Capone). Todas y cada una de las acciones que se describen en la novela y tienen relación con la Mafia -que son las menos- hacen que el lector se pregunte si de verdad merece la pena una vida en la que no obtienes riqueza apenas, al menos no a largo plazo y desde luego no más de la que obtendrías con un trabajo normal (Bill tiene estudios universitarios, y eso en EEUU en los 60 no es cualquier cosa) y a cambio pueden matarte al cruzar la calle -y no es una expresión ni mera paranoia-, detenerte, perseguirte, encarcelarte... ¿Quién elige una vida tan peligrosa (no les presupongo moral) para vivir de forma miserable?
[...] extrañaba la frecuencia con que veía a Rosalie y a sus cuatro hijos, dijo, y añadió que rara vez lo visitaban más de una vez al mes. Para su esposa llegar hasta Terminal Island implicaba un viaje de ocho horas por tierra desde su casa en San José, donde ella tenía un trabajo a tiempo completo como programadora de computadoras en una compañía de seguros, y donde los niños, cuando no estaban en la escuela, estaban trabajando en empleos de tiempo parcial en restaurantes de comida rápida y otros lugares ubicados dentro o cerca del centro comercial aledaño a su casa.
Por una parte es imposible empatizar con Bill, al fin y al cabo se dedica a lo que se dedica, por herencia paterna, vale, pero, aunque ni una sola vez el autor nos cuente si ordenó la muerte de alguien o alguna otra mafiedad, podemos imaginarnos a Bill tomando decisiones que supusieron la muerte de personas, la comisión de delitos, etc, etc. Por otra parte sí vemos como Talese simpatizó con él hasta el punto de destinar parte de los beneficios del libro -que en su momento fueron astronómicos- a la educación de los cuatro hijos de Bonanno, y como lectora, persona y todas las etiquetas que se me quieran poner, me parece estupendo; Bill no eligió esa vida y quizá en otra familia hubiera sido un buen tipo así que Talese consideró que sus hijos merecían la oportunidad de, al menos, elegir y es un gesto que le honra mucho más de lo que jamás debieron honrar a su padre, Joseph que, por otra parte, tampoco parece tan mal tío.
Ahora, años después, al mirar en retrospectiva ese incidente y otros similares, Bill se daba cuenta de la forma en que su padre había puesto a prueba su paciencia y su disciplina, para ver cómo respondía su hijo ante una condición que era necesaria y común en la organización, pero que sin embargo resultaba poco natural para la mayoría de los mortales.
No sé por qué [Bill Bonanno] se tuvo que ir tan pronto. Lo único que puedo decir es que probablemente el abuelo lo llamó y, como siempre, papá obedeció presto.
Por su parte, él [Bill Bonanno] siempre sintió atracción por su padre, lo atraía como un imán, lo habría seguido a los mismísimos infiernos y, cuando finalmente percibió la inmensa magnitud del poder de su padre, se sintió incluso más impresionado y orgulloso. [...] él nunca sería para ellos la figura tan imponente que su padre fue para él; los tiempos habían cambiado, la dinastía se estaba desintegrando y la insularidad de la vida familiar italiana probablemente no sobreviviría hasta la tercera generación, lo cual posiblemente era bueno para sus hijos.
El libro es, quizá, demasiado largo para leer del tirón, pero aún así me parece absolutamente recomendable porque, queramos o no, la historia de la delincuencia es una parte importante de nuestra historia occidental; sumémosle, además, que no sólo cuenta la historia de Bill sino que hay saltos a los orígenes de la mafia (es la cuarta versión que leo y sí, en esta también es culpa de una potencia extrajera invasora... ¿he dicho ya lo mucho que me enfada que nadie acepte nunca sus responsabilidades en aras de un pasado lejano?), a los tiempos de la ley seca, sale el FBI y no precisamente bien retratado (aunque a estas alturas de Hoover me espero cualquier cosa, repito: cualquier cosa), nos habla de la inmigración y la isla de Ellis, de Italia y Mussolini... en definitiva, un libro bastante concreto donde todo es tan cotidiano que nada llama la atención, ni siquiera un bomba, como el realismo mágico en el que hay una lluvia de flores amarillas.
[Dominación francesa] Según los historiadores locales, ése fue el comienzo de la Mafia, que tomó su nombre del grito de angustia de la madre de la muchacha, que corría por las calles gritando ma fia, ma fia, mi hija, mi hija.
[Dominación española, griega o árabe] El criminólogo italiano Cesare Lombroso estuvo cerca de sugerir esto al señalar que, mientras que los sicilianos del este habían sido enormemente influenciados por la colonización griega, los sicilianos del oeste habían recibido más influencia delos árabes, muchos de los cuales fueron empujados en el siglo XIII hacia las colinas ubicadas detrás de Palermo y obligados a sobrevivir de su astucia y habilidad para engañar. Otros teóricos italianos sugirieron que los sicilianos occidentales que vivían en Palermo y o cerca solían ser perezosos y poco ambiciosos debido a que habían sido dominados durante cientos de años por la laxa administración de la España medieval.
Pueden leer el resto de reseñas si pasan por el Club de lectores 2.0 o en las moradas del resto de lectores del Club: Carmen, Desgraciaíto y Newland.

Nos vemos en quince días con John Dos Passos en De brillante porvenir.

Por amor a la física

Este mes en el Club de lectura 2.0 hemos leído el celebérrimo Por amor a la física, un libro de divulgación científica escrito por el afamado Walter Lewin.

Walter Lewin es un profesor del MIT que se ha hecho muy famoso por sus fantásticas clases de física colgadas en Youtube... Yo soy de letras, pero como siempre he sido curiosa y odio esa división ciencias y letras en combate mortal, de los campos del saber de ciencias el que más me llama la atención es precisamente el de la física, lástima que desde el desconocimiento total... Hace unos años, una compañera -profesora de física- me prestó un libro maravilloso que me encantaría conseguir (si alguien sabe dónde, lo agradecería) en el que unos físicos soviéticos le explicaban ni más ni menos que al Soviet Supremo en qué consistía la Teoría de la Relatividad de Einstein y por qué era válida... Estaba escrito de forma tan sencilla -siendo conceptos sumamente complejos- y entretenida que pensé que, aun sin conocimiento alguno sobre el tema, la física no era tan inaccesible para alguien que sólo estudió física un año hace más de veinte... Pues bien, eso es Por amor a la física, un libro escrito para gente con una cierta curiosidad por la materia que puede tener unos conocimientos amplios o inexistentes, es decir, complejo y accesible al mismo tiempo, a ratos te pierdes en un concepto pero el profesor Lewin te pesca de nuevo...

Ahora bien, esto es el Club de tortura lectura 2.0 y no hay manera humana de que un libro no salga bien... El profesor Lewin tiene unas clases descacharrantes en la plataforma online (bueno, tenía... luego explico por qué) pero en el libro, aunque es interesante, no he sentido la misma curiosidad malsana que se supone quiere transmitir, es decir, no me pierdo tanto como para perder el interés pero lo que se podía ver en vídeo al leerlo no me ha interesando de la misma manera; no me entiendan mal, no es aburrido, pero está lejos de ser un digno canto de amor a la física como sí lo son las clases que se podían ver... 

Cada tema (no quiero usar capítulo, ni epígrafe porque es otra cosa) está introducido por una afirmación que Lewin va demostrando paso a paso a lo largo de la escritura... y ahí es dónde me ha ido matando el interés tema tras tema, es decir (por citar el primero, que es al que más veces va a recurrir para recuperar al lector) me parece muy interesante que seamos más altos tumbados que de pie, me parece super interesante saber por qué... pero me importa un carajo la manera en la que Lewin me lleva del qué al por qué, no me ha enganchado en ninguna explicación... y ahí, avanzando y avanzando, llega un momento en el que me importa muy poco la manera tan extraña en la que se abuela secaba la lechuga de la ensalada, o el arco iris... pero, ojo, eso no debe desmerecer las labores de Lewin como docente, era un magnífico profesor que usaba anécdotas personales para explicar sesudos conocimientos físicos... quizá sea yo, pero el libro amor, lo que se dice amor... no, no lo he sentido... y ya cuando se pone a hacer un recorrido por la radiación y la astronomía me ha matado, y en ese caso concreto me siento mal conmigo misma porque es un tema que me resulta especialmente fascinante.

Y, a modo de bola extra, el famoso gafe del Club de tortura lectura... llevamos unos días desconcertados por las últimas informaciones que han surgido a propósito del profesor Lewin, quien ha sido suspendido en estos días de forma fulminante como profesor emérito (tiene casi 80 años, lleva tiempo de emérito) y sus clases han sido eliminadas de la plataforma del MIT nada menos que por acoso sexual online... La historia es confusa y agradecería que el MIT se dignara a dar alguna explicación, aunque sólo fuera porque Lewin no es cualquier profesor... Aquí hay dos debates a la vista: uno tiene que ver con que si creemos que el MIT -que recordemos, no es un tribunal- se está curando en salud o ha hecho lo que tenía que hacer y dos -más interesante a mi entender- si consideramos que, de ser cierto, eso desmerece al señor que enseñaba física, es decir, si hace sus clases menos interesantes... 

Soy consciente de que como reseña esta entrada es rarísima porque sí recomiendo su lectura a pesar de que no me ha enamorado en absoluto, así que pásense por la casa de los otros miembros del Club de Tortura Lectura, que seguro que han hecho reseñas de verdad: Desgraciaíto, Carmen y Newland.

Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie

Empecemos con una breve nota biográfica: por motivos educativos en los últimos dos años he leído unas cuarenta novelas ambientadas en la Guerra Civil, y ni sé cuántas reseñas (tanto de las leídas como de las no leídas), artículos y bichorismos varios sobre la literatura actual ambientada en esa época odiosa... terminé con el tema hace menos de un mes, así que puede imaginarse, querido lector, mi disgusto cuando vi que el libro de este mes para el Club de lectores 2.0 era precisamente, que ya es mala suerte, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie de Eslava Galán. 
De este autor leí hace unos años Historia de España contada para escépticos, me lo pasé pipa y lo recomiendo mucho (no como libro de historia serio, conste); para los motivos educativos leí Los años del miedo (confieso que más qué leerlo lo ojeé -sí, sin h, que yo leo sobre todo digital y, por tanto, no paso hojas- porque no quería que la realidad me sacara del maniqueímo novelesco... pero eso es otra cuestión que defenderé en unos días) que vaya, échenle un ojo al horror si tienen ánimos, y también leí La mula, una novela más bien flojita de la que se ha hecho una película espeluznante (sale Mario Casas, con eso lo digo todo). Sé que leeré más libros de Eslava Galán en el futuro, igual que en su día leí locamente libros de Marcela Serrano, porque no me entusiasma pero me entretiene, su lectura es rápida, sencilla y totalmente descerebrada... ojo, no tanto como en el caso de la señora Serrano, que no recuerdo ni qué demonios pasaba en Nosotras que nos queremos tanto más allá de que tres novelas después -tres días después, para que se hagan una idea de la ligereza de la autora- me dije ¿y yo qué demonios hago leyendo esto?

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie es literalmente eso, un relato de lo ocurrido durante a Guerra Civil, desde la preparación del golpe de Estado hasta el cautivo y desarmado contado desde mil puntos de vista -aunque con narrador omnisciente- y, eso sí es destacable, en presente (para que se entienda, por si acaso, no es que lo actualice o lo ambiente en presente, es que lo verbos que narran los hechos están conjugados en presente de indicativo y mi corazón de filóloga palpita con estas cosas). Es un libro ameno, de fácil lectura que va soltando datos como si fuera una novela en la que el personaje principal fueran los españoles y no debieras empatizar necesariamente con ellos, en definitiva, Eslava Galán sobrevuela por la Guerra y nos da una visión a vista de pájaro, lo vemos todo pero apenas sentimos nada... bueno, esto último quizá sea un poco exagerado, que sí hay momentos en los que se hiela la sangre, no tanto por lo narrado como por el hecho de que, a veces, hay que pararse a pensar en cómo demonios se pudo llegar a eso y morirse de vergüenza. El libro no cuenta nada que no se sepa, no pretende ser tanto un manual de historia como una lección de instituto, y la verdad es que se agradece, después de dos años se lo agradezco... lo que ya no sé, querido lector, es si debo o no recomendarlo sin saber cuáles son sus circunstancias y por qué quiere leer precisamente este libro ¿para saber qué pasó en aquellos años? ni de coña, lea otro ¿por placer? ¿seguro que esto le da placer? ¿se lo ha hecho mirar?, ¿por curiosidad sobre los hechos pero sin profundidad? ¡entonces léalo! ¡este es su libro!
Ninguna política se ha de fundar en la decisión de exterminar al adversario; no sólo -y ya es mucho- porque moralmente es una abominación, sino porque, además, es materialmente irrealizable; y la sangre injustamente vertida por el odio, con propósito de exterminio, renace y retoña y fructifica en frutos de maldición; maldición no sobre los que la derramaron, desgraciadamente, sino sobre el propio país que la ha absorbido para colmo de la desventura.
Una cosa que llama la atención es el título y es que hay un juego muy curioso y muy tramposo; es obvio que Eslava Galán nos dice que no le va a gustar ni a derechas ni a izquierdas porque es objetivo... pero eso no es del todo cierto; nadie sale bien parado, cierto, no aplaude a nadie, cierto, no condena a nadie, cierto, pero se debe más a la ligereza con la que pasa la vista sobre el tema que al rigor y eso, querido Eslava Galán, es trampa... y aquí podría soltar un monísimo "cuidado con la equidistancia" aunque en este caso no sea tal... pero eso lo dejo para el debate.
En el puerto de Alicante una multitud de más de diez mil fugitivos se agolpa en los muelles, a la intemperie, sin comida, en espera de algún barco que los ponga a salvo de la ejecución o de la cárcel [...] Se producen sesenta suicidios en un día. Dos amigos que han hecho la guerra juntos se estrechan la mano izquierda mientras se descerrajan y tiro en la sien con la derecha.
Sofía, la madre del historiador Julio Valerón, cuyo esposo y familiares fueron fusilados, vivió hasta 1973 sin superar el horror de la guerra. A veces gritaba en sueños y despertaba a los vecinos.
Las reseñas de mis compañeros las podéis leer en los sitios de rigor: Bichejo, Carmen, Desgraciaíto y Newland y, dado que esta vez no habrá peligro de spoiler porque doy por hecho, querido lector, que saber quién ganó aquello ¿verdad? le animo a participar del debate eterno que nos enciende todavía ¿Paracuellos y Badajoz? ¿Fue Gernika lo peor de la guerra? ¿Era un disparate la II República? ¿Se puede saber de qué pie cojea Eslava Galán? (cof cof, ya les adelanto que sí)

Como una novela

El libro de este mes de el Club de tortura lectura 2.0 es el brevísimo ensayo Como una novela de Daniel Pennac, un profesor de instituto que trata de explicar cómo se debe y cómo no se debe estimular la lectura en las nuevas generaciones. Como es costumbre podéis ver las reseñas del resto de autores reunidas en el propio Club, donde además se ha instalado Bichejo -de momento-, o, si queréis ir a sus casas, que son interesantísimas ¡¡incluso cuando no hablan de libros!!: Carmen, Newland y Desgraciaíto.

Hay que partir de la base, como decía, de que Pennac es profesor de instituto... o lo que es lo mismo, sabe muy bien que venderles un libro a los chicos es tarea fundamental si queremos hacer de ellos buenos lectores así que, a lo largo de Como una novela nos va dando con más o menos humor pautas a seguir en esta noble tarea, y hasta se descuelga con un decálogo de derechos del lector:

  1. El derecho a no leer.
  2. El derecho a saltarnos las páginas
  3. El derecho a no terminar un libro
  4. El derecho a releer
  5. El derecho a leer cualquier cosa
  6. El derecho al bovarismo
  7. El derecho a leer en cualquier sitio
  8. El derecho a hojear
  9. El derecho a leer en voz alta
  10. El derecho a callarnos
O lo que es lo mismo, el derecho al placer, a hacer lo que a cada uno le venga bien en cada momento... Es una lista estupenda de derechos para un lector pero, y ahí es donde la argumentación de Pennac, se cae abajo, para ser lector hay que dejar de ser no-lector o lo que es lo mismo, si nunca te has leído un libro por el puro placer de hacerlo, no te llames a ti mismo lector (ojo, no es obligatorio ser "lector" en esta vida), o lo que es lo mismo, por supuesto que tienes derecho a no terminar un libro (ni sé cuántos no termino yo), por supuesto que tienes derecho a saltarte páginas... pero eso, de UN libro concreto, no de todos, que para hojear en condiciones hay que tener cierta vista lectora, si nunca terminas ningún libro no sé cómo calificarlo salvo como falta de curiosidad, etc, etc... Conclusión: un gran derecho conlleva una gran responsabilidad.

Y es que Pennac, deduzco, escribe este libro llamado por las dulces voces de Sirena de la pedagogía moderna, en la que todo ha de ser divertido y estimulante y si no eres estimulado y divertido desde el exterior no has de poner nada de tu parte... Por suerte o por desgracia no es así: aprender a leer cuesta, adquirir conocimientos también y hay libros que jamás serían leídos -hablo de clásicos imprescindibles- si no fueran obligatorios en la escuela.

Habla Pennac también de lo importante que es "engañar" al alumnado para que lo que leen no parezca obligatorio (en este caso está delante de un alumnado que lo es de milagro) y ¡zas! ahí se la cuelas... Recuerdo una clase de primero de la ESO en la que después de hablarles de Ana Frank vi llena de orgullo que al día siguiente muchos de los alumnos tenían el Diario en la cajonera, recuerdo lo mismo con El Lazarillo de Tormes, El principito... pero no deja de llamarme la atención que eso haya sido en las clases en las que la literatura no formaba parte del temario (la literatura como historia de empieza a enseñarse en 3º de ESO) porque entonces para conseguir seducirlos con La Celestina hay que decirles qué es una virguera, que Calisto y Melibea pasan gran parte de sus encuentros desnudos y cuanta cochinada se te ocurre para llamar a las hormonas de quinceañeros como manera de despertar sus mentes... (Recuerdo decirle a mis alumnos que el llanto de Pleberio era importante porque según la moral de la época en lugar de llorar a su hija debía patear su cadáver... y encontrármelo tal cual en los exámenes... no se me ha vuelto a ocurrir, obviamente) y digo esto porque Pennac habla de cómo desde la literatura ha de llegarse a la historia de y me llama la atención viniendo de un profesor que sabe que hay libros que sólo se entienden en contexto (se entienden correctamente, quiero decir) y que historia de la literatura no es la única asignatura que tienen, es decir, que no hay tiempo... Y hoy va de anécdotas: En una clase de bachillerato un tanto peculiar (buenos pero muy numerosos -> ruidosos) en lugar de soltarles la chapa habitual sobre el Quijote (no es por echarme flores, pero las clases de literatura suelen ser entretenidas) llevé el libro y se desató la magia... Una hora para analizar qué quiere decir eso de "desocupado lector", la siguiente para hablar de "la historia de un hijo seco", la siguiente para "ni suplicarte con lágrimas en los ojos", etc, etc... Sé que recordarán el Quijote, pero darlo así me llevó muchísimo tiempo... y había algo de prisa.

La cuestión es que los extremos no son buenos, ni han de leerse el Quijote con 10 años (aunque no veo por qué es tan atroz esa idea, francamente, miren a los anglosajones haciendo ensayos sobre Shakespeare en primaria) ni pedirles que lean sólo aquello que les gusta (o directamente ver como no leen nada de nada sin intentar lo contrario)... porque entonces jamás pasarán de Flanagan, y leer a Flanagan es desconcertante si tienes más de 14 años... Al paladar hay que educarlo y, para ello, es importante que lean algunas cosas "escogidas" por gente que sabe del asunto... pero nadie sabe más del asunto que un padre lector... y nuevamente se cae la argumentación de Pennac, que pareciera sugerir que la culpa es "del sistema" "de los profesores" pero jamás de los alumnos... Y vuelta al tópico de que "ya no se lee" como si los adolescentes de los 70 fueran todos lectores de la talla de Borges frente a los de hoy que sólo se divierten viendo Gandía Shore...

Lo bueno que tiene el libro (es que si no me centro un poco me enciendo) es que es breve y ciertamente ameno, no agrede aunque es simplón como él solo, lleva una cierta reflexión (con los mismos argumentos que has defendido/rebatido 200 veces) y, sin duda va a ser objeto de debate ¿obligar o no obligar a leer en la escuela/casa? o más importante aún, y cito a Bichejo, cuando estás harto de leerlo ya se ha terminado. ¿Lo malo? que discrepo en (casi) todo y estoy un poco aburrida de los profesores a lo El club de los poeta muertos (en el mundillo se les llama "amigo de los niños" y no, no es un halago) que les espeluzna cualquier cosa que suene a exigencia... Si fuera un libro dedicado a los adultos entendería todo el planteamiento, pero como es obvio, a los adultos que no leen ya los has perdido como público, pero ¿tanto remilgo con darle un par de martillazos -repito: un par- a un diamante en bruto que es un alumno?

En conclusión: una reflexión amable sobre la formación de lectores, tan amable como servir té de mentira en tacitas de mentira en la casita de mentira del árbol... Amable y educada sí, pero ¿nos lleva a algún sitio en su propósito (conseguir lectores) o "simplemente" nos hace pensar al respecto?

Cómo hablar de los libros que no se han leído

En más de un año que llevamos compartiendo esta aventura de lectura compartida, los lectores residentes de este Club de lectores 2.0 no hemos sido capaces de encontrar un solo libro que nos haya parecido fantástico a los cuatro (ahora somos cinco, véase el último párrafo), así que, en un alarde de genio, este mes se lo vamos a dedicar a un ensayo de Pierre Bayard titulado Cómo hablar de los libros que no se han leído con el que no sólo se han de perder los complejos ante la no lectura de esos libros que todo el mundo -ejem- ha leído sino que, literalmente, da lo que promete, esto es: explica cómo hablar con propiedad de los libros que no se han leído sin quedar como un cretino.

Hay que partir de la base de que Bayard es profesor de literatura y, aunque le presupongo una vasta cultura, también doy por hecho que no puede haber leído todo lo que enseña, más que nada porque yo también soy profesora de literatura (aunque en mi caso de un nivel en el que los alumnos jamás han leído un libro del temario que yo no haya leído) y ni de coña he leído -ni tengo intención- todos los libros de los que tengo que hablar en clase... y aún así puedo hacerlo con soltura y seguramente, tal y como defiende Bayard, con una precisión mayor, con más objetividad, que si los hubiera leído.

No quiero que se me malinterprete, Cómo hablar de los libros que no se han leído no es un elogio de la no lectura, sino un reconocimiento de que es más importante saber que tener una experiencia directa sobre aquello de lo que hablamos, porque, defiende Bayard, cuando tenemos una experiencia directa -esto es, cuando leemos- corremos el riesgo de caer en lo subjetivo mientras que para saber situar un libro en su contexto, establecer sus relaciones -que es lo que reside realmente la cultura- leerlo no suele sernos muy útil... Me viene a la cabeza Chesterton, un autor fundamental en la literatura al que cometí el error de leer porque me hizo gracia el título de un libro, un libro del que no podría hablar ahora de un autor supuestamente esencial al que yo no conozco... si en lugar del libro me hubiera enterado de quién es, ahora sería más culta... supongo... También me viene a la cabeza Jorge Edwards, que en El Whisky de los poetas dice que nunca encuentra a nadie que "lea" a los clásicos porque, curiosamente, todo aquel al que ve con un clásico en la mano dice estar "releyéndolo" como si haber leído (tiempo perfecto, ergo pasado) según qué libros fuera obligatorio... porque lo es ¿o no?

En definitiva es un canto a la sinceridad y un apunte sobre que es más importante, para hablar de un libro, conocerlo bien que haberlo leído, porque estas dos acciones -"conocerlo" y "leerlo"- suelen darse de bofetadas. Un ensayo de lectura ligera para una tarde de verano, divertido, bien escrito y que no se para en tecnicismos, pero que tiene, para mi gusto, un fallo garrafal, y es que se olvida de la parte de placer que da la lectura... Llevo más de quince años leyendo sólo por el placer de hacerlo, y considero que la cultura que se adquiere en los libros literarios es -o ha de ser- algo secundario, no el objeto en sí y el ensayo de Bayard va dirigido a ser más culto olvidando, por completo además, el disfrute.

Como de costumbre podéis seguir el debate en el Club de lectores 2.0 y ver las reseñas previas, además de allí, en la casa de Bichejo, Desgraciaíto, Carmen y, ahora sí que sí, Juanjo, al que damos la más calurosa de las bienvenidas... Este mes promete ser movido porque alguien tendrá que responder a una pregunta esencial: ¿para qué leemos? y a partir de ahí se me ocurren tantas otras...

Nómada

Ayaan Hirsi es una feminista de origen somalí que, curiosamente, es denostada por una parte numerosa (me niego, por pudor, a usar ahí el adjetivo "importante") de las feministas occidentales, esas mismas feministas radicales que comparan la ablación de niñas con llevar tacones, que llaman burka occidental a la depilación y no mueren inmediatamente de vergüenza o que -y me enterado hoy mismo por un artículo de Muñoz Molina ¡de hace 15 años!- comparan la forma de describir el hecho biológico de la fecundación del óvulo ¡¡con una violación masiva!!... para esas "feministas" Ayaan Hirsi no vale... pues qué quieren que les diga ¡con su pan se lo coman! 
Cuando las mujeres musulmanas afrontan no ya la opresión sino la muerte violenta, ¿por qué las feministas no protestan contra sus opresores? ¿Dónde están las grandes defensoras que impulsaron el movimiento contemporáneo por la igualdad de las mujeres en occidente? ¿Dónde, por poner sólo un ejemplo, está Germaine Greer, autora de clásicos del feminismo occidental como La mujer eunuco? Greer considera que la mutilación genital de niñas debe analizarse en su contexto. Intentar ponerle fin, ha escrito, representaría "un ataque contra la identidad cultural"
Hablamos, para mayor escarnio, de una mujer que tiene que ir con escolta por defender la civilización occidental frente al islamismo radical especialmente en el trato que este les da a las mujeres; algo que, para más señas, cuenta desde su propia experiencia vital, las vivencias de sus primos, la muerte de su padre... En Nómada nos encontramos con una nueva migración, esta vez a EE.UU., quizá la definitiva en una mujer que ha migrado tanto, y allí, en EE.UU. vemos cómo a los hechos ya vividos se suma una nueva visión que la reafirma, aún más, en sus posiciones.
Abuela, yo ya no vivo en el pasado. El mundo empezó a a cambiar durante tu existencia y tus viejos modos de hacer han dejado de servirme. Te quiero y guardo como un tesoro algunos de mis recuerdos de Somalia, pero no todos. Ahora bien, yo ya no serviré a nuestra estirpe ni a Alá nunca más. Y puesto que los modos de vivir del pasado atenazan las vidas de muchas personas de nuestro pueblo, incluso lucharé por convencer a los nómadas como yo de adoptar el estilo de vida de los infieles.
En Nómada, como se ve en el párrafo precedente, confirma su abrazo a los valores de la Ilustración y su rechazo a la represión que sufrió en nombre de su clan y de su religión así como denuncia cómo valores dañinos están penetrando en occidente a pasos agigantados mientras miramos graciosamente para otro lado en nombre de la buena intención... Hay quien confunde esa denuncia que hace con xenofobia, pero, según la autora -refugiada somalí que se integró en Holanda hasta el punto de que llegó a ocupar un escaño en el parlamento por un partido votado por muchos xenófobos-, es al contrario, lo racista es no ayudar a la integración plena de los inmigrantes, lo racista es no compartir con ellos los logros de la civilización occidental.
Una cultura que celebra la feminidad y considera a las mujeres dueñas de sus propias vidas es mejor que una cultura que mutila los genitales de las niñas y las confina entre paredes y tras velos o las azota y las lapida por enamorarse. Una cultura que protege los derechos de la mujer por ley es mejor que una cultura en la que la ley permite a un hombre tener cuatro esposas simultáneas y niega a las mujeres la pensión alimenticia y la mitad de su herencia. Una cultura que designa a mujeres para el Tribuna Supremo es mejor que una cultura que declara que el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. Forma parte de la cultura musulmana oprimir a las mujeres y de todas las culturas tribales institucionalizar el mecenazgo, el nepotismo y la corrupción. La cultura occidental de la Ilustración es mejor.
Este párrafo puede ser muy políticamente incorrecto pero le ruego al lector que responda a estas preguntas ¿es mejor la mutilación femenina? ¿es mejor que por ley las mujeres valgan menos que los hombres? ¿es mejor azotar a las mujeres por elegir sus parejas por sí mismas? ¿es mejor que la mitad de la población no vaya jamás a la escuela? Porque, y desde mi punto de vista ahí está el acierto de esta autora -con la que no comparto ni un poquito su ideología político-económica- es que, observando cómo trata un grupo humano X a sus mujeres, podemos saber cómo son y, lo siento en el alma, hay culturas que son mejores que otras; no es una cuestión "sólo" feminista (pongo "sólo" entre comillas porque  hay mucha gente confusa para la que el hecho de que algo sea "feminista" es -en una mala interpretación de lo que significa- malo), es que las mujeres somos la mitad de la especie; si a un niño lo educa la tribu y la mitad de la tribu es analfabeta y vive sometida psicológica y físicamente por la otra mitad en nombre de [inserte aquí la etnia, religión, ideología, whatever que más rabia le dé] ¿es eso mejor? ¿en serio?

Pero en Nómada no todo es malo; tras contener la respiración durante muchos capítulos en los que narra, insisto, vivencias que conoce de primera mano o por su propia familia (entiéndase familia en términos extensos), fracasos en la integración de quienes no renuncian a sus raíces más hondas a pesar del lastre que suponen (hablamos de no tratarse un sida, por ejemplo, por no aceptar la propia sexualidad) y que están cimentados, en muchas casos, en la buena intención de mucha gente buena (no es un error, he usado dos veces buena a propósito), Ayaan Hirsi nos da un margen para la esperanza, para ella "la mente musulmana puede abrirse" y dedica la última parte del libro a explicar cómo conseguirlo, de hecho recibe cartas de gente que ya lo ha conseguido igual que lo consiguió ella; desde su punto de vista, puede y debe abrirse esa mente, es una tarea urgente pero no exenta de riesgos. 
No es trivial saber que, incluso en Occidente, si uno critica o siquiera analiza una religión concreta puede necesitar protección el resto de su vida, que si uno expresa abiertamente su opinión acerca del islam puede suscitar disturbios o incluso una campaña internacional a gran escala y quizá convertirse en un objetivo acechado, condenado al ostracismo e incluso ser asesinado. Es una opción desagradable. La mayoría de las personas, de manera consciente o inconsciente, lo evitan. El miedo surte efecto
Nos hablará de educación, de proselitismo religioso (tiene gracia en una atea, pero está tan bien justificado en el libro que a mí me ha convencido), de feminismo (ya basta de este feminismo trasnochado, de low cost, que se indigna por pixelar un desnudo y llama bulo a una fatwa real y peligrosa, que llama burka a algo que por mucha presión social que haya sigue siendo voluntario y no conlleva muerte, que compara la ablación de niñas con llevar tacones) pero, sobre todo, la receta para luchar contra los nuevos mil años de oscuridad que se nos vienen encima como sigamos sintiendo y consintiendo nostalgia de la tribu es la de compartir generosamente el legado de la Ilustración al que tan absurdamente estamos renunciando.

Club de lectores 2.0: Algo va mal

En este día internacional del trabajo, qué mejor manera -en este país sin trabajo- de empezar a festejarlo que leyendo un libro sobre la crisis con los amigos del Club de lectores 2.0; un libro que sirve para entender algo y que va a las raíces del problema -no económicas, sino de cultura democrática- soltando bofetadas a diestro y, sobre todo, a siniestro.

El libro elegido para este mes es Algo va mal, del historiador Tony Judt, libro que ya reseñé en su día pero que no viene mal volver a visitar de vez en cuando, porque la crisis sigue con nosotros un año después de aquella primera lectura y, visto lo visto, no tiene ninguna intención de abandonarnos, que esto es una historia de amor de las buenas, hechas para durar; además, por si no fuera el tema lo suficientemente espeluznante, basta con abrir un periódico y ¡zas! no hemos aprendido nada entre otras cosas porque seguimos leyendo -como mucho- los panfletos de 30 páginas de señores que por muy adorables que fueran tenían noventa años... pero, como nos señala Judt, no hemos aprendido nada desde los 70 así que ¿qué se le va a pedir a esta, la generación más preparada -¿preparada para?- de la historia?

En Algo va mal Tony Judt le da tremendo varapalo a la izquierda europea que, al haberse alejado de la socialdemocracia que nos fue impuesta (estábamos nosotros como para elegir algo con lo mal que lo hacemos) tras la segunda guerra mundial, ha perdido sus verdaderos objetivos y en lugar de defender a la inmensa clase media que tanto costó crear (no olvidemos que Tony Judt es hoy por hoy el historiador de referencia en lo que se refiere a la segunda mitad del siglo XX, gracias a su obra Posguerra) sigue hablando como si nada hubiera cambiado desde 1917, pero como la realidad es tozuda y el estado del bienestar fue le pese a quien le pese, el discurso de esa izquierda que se autoproclama verdadera (que pretende girar una y otra vez más a la izquierda y denigra la meritocracia, pide hasta para el que no necesita,y culpa a los hados de todo) está completamente vacío de contenido, porque no han sabido reinventarse... Los verdaderos porque se lo están pasando pipa hablando de revoluciones y los otros, los socialdemócratas que nos trajeron prosperidad porque una vez conseguido el bienestar se convencieron de que ser responsables no era divertido y, tras la caída del muro, en lugar de ver el fracaso de los unos, quisieron ser verdaderos.

La buena noticia es que Judt deja una pequeña fisura desde la que se ve la esperanza, aún tiene arreglo, va mal (y eso que murió sin saber lo feo que podía ponerse) pero podemos recuperarnos si volvemos a la senda de la socialdemocracia que nos ha traído , a pedir responsabilidades a todos, a asumir que si no permitimos que los ricos disfruten de los logros sociales en sanidad y educación, por ejemplo, a ver por qué demonios van a estar dispuestos a financiarla, etc, etc.

Hay muchas cosas que Algo va mal no es, ojo, no es un libro objetivo ni lo pretende, es un libro escrito por un señor que sabía mucho de la posguerra (más que nadie, me atrevería a decir) y que llegó a la conclusión de que la socialdemocracia tenía mucho que ver con la prosperidad europea; no es un libro sesudo ni lo pretende, es un libro muy bien escrito para todo tipo de lectores (de los que vayan más allá de las 30 páginas, se entiende) que invita a la reflexión sin grandes dogmatismos, que señala hacia el pasado en un esfuerzo para aportar un granito de arena y corregir el futuro, si se deja.

Este mes va a ser entretenido en el Club de lectura y te animo más que nunca a que participes; como ya imaginas tengo información privilegiada y te avanzo que los lectores residentes (puedes leer aquí a Bichejo, aquí a Carmen y aquí a Desgraciaíto) tenemos cuatro posturas distintas -y encontradas- tanto en cuanto a las soluciones que Judt propone como en cuanto a las causas de que algo vaya mal, así que, como decía, va a ser de lo más interesante ¡Participa!

¡Alerta! Madres educando

El viernes por fin encontré, después de más de un año buscándolo, el polémico Madre tigre, hijos leones, de la escritora chino americana Amy Chua, y digo encontré porque llevaba un año con ganas de hincarle el diente a un libro TAN polémico como este, sin caer en la cuenta de que podían traducir su título, Battle Hymn of the Tiger Mother (algo así como El himno de batalla -¿llamada a la guerra?- de la Madre Tigre), como les viniera bien, esto es, como les diera la real gana sin dar cuentas a nadie (¿de dónde demonios salen los hijos leones del título? al menos en la variopinta traducción de Rosemary's baby hay una "semillita" -de esas que papá le regala a mamá- y es del mismísimo demoño).


Por otra parte, hoy salía a la venta el libro de la celebérrima bloguera Molinos Una madre sin superpoderes y, siendo poseedora de un kindle podía disponer de él en cuanto me levantara, así que dicho y hecho, en cuanto me he despertado he comprado el libro en su formato electrónico (me cuentan que a Amazon se le han agotado en papel ¡en sólo un día!) y he disfrutado del día leyéndolo.

Esta es mi primera reseña doble, al menos en este blog, pero se debe a que en un periodo de dos días (acabé con Chua anteayer, con Molinos ayer) he leído dos libros en los que dos madres de dos niñas hablan de cómo han educado a sus dos hijas; y no acaban ahí los paralelismos, aún hay más -que dirían en los dibujos- las dos hijas mayores, Sophia y María, son más responsables y obedientes frente a la rebeldía de las pequeñas, Lulu y Clara; pero mucho más importantes que las similitudes (casualidades de la vida, más que nada) entre Amy Chua y Molinos son las diferencias: si Amy Chua está intentando crear un círculo virtuoso con sus hijas (tan exigente que, de haberlo sabido, hubiera sido desmontado por los servicios sociales) en el que no se consiente nada por debajo del sobresaliente y se pasan horas todos los días -incluidos fines de semana y vacaciones- practicando piano, en el caso de Sophia, o violín, en el caso de Lulu, nos encontramos con el sentido común hecho madre en lo que nos cuenta Molinos; por un lado tenemos a una madre china que enfrenta el modelo (exitoso, qué duda cabe) de educación tradicional chino con el occidental y después, oh afortunadas casualidades de la vida, me doy de bruces con el modelo occidental y resulta que el susodicho modelo que muestra Molinos me gusta, no, me encanta.

Para Amy Chua "el éxito académico es un reflejo del éxito de los padres en la educación de sus hijos" y por eso les presionan para ello, sin embargo, en occidente, aunque pensamos igual, también queremos que puedan elegir -aun a costa del fracaso escolar-, porque preferimos sentirnos culpables del fracaso (ellos jamás lo serán del todo a nuestros ojos) que presionar "de más", ya que no hay mayor pecado que hacer a nuestros hijos infelices.

Molinos quiere que sus hijas sean felices, pero (y aquí es donde toda la argumentación de Chua se va al garete) sin que eso le cueste la felicidad a ella (los drogadictos -según Chua a la droga se llega tocando la batería, sí, como suena- no hacen felices a sus padres); busca -y encuentra- tiempo para hacer cosas sin sus hijas mientras que Chua las obliga a ensayar durante horas y, en el caso de Lulu -la pequeña-, además lo hace a gritos… y consigue así que su hija deteste el violín además de haber convertido su infancia en un infierno. Frente a ello tenemos a una madre occidental que nos cuenta que sus hijas van a museos y les encanta porque se lo vende, no porque las obliga... Comparen con una cita de la madre tigre, comparen:
"estaba decidida a criar a una hija china obediente […] aunque muriese en el intento"
¿No parece lo suficientemente categórico? pues hay que pensar que, en lo que nos está relatando Chua, la que ha de "morir en el intento" no es la madre, no, es una niña de tres años que está a -14º en la calle y sin abrigo porque ha cometido la osadía de aporrear el piano.
"los padres chinos poseen dos cosas de las que carecen los occidentales, a saber: (1) mayores aspiraciones para sus hijos, y (2) mayor estima por sus hijos en cuanto a que saben hasta dónde pueden llegar"
¿¿Quiero más mis hijos porque les exijo demasiado??

Molinos, por contra, nos cuenta que a los hijos se les quiere de manera distinta (y bajo todo lo que narra subyace que ser humana no te hace mala madre) que hay que enseñarles a hacer cosas tan básicas como comer de todo, disfrutar del arte, del campo y sí, también enseñarles quién manda sin que eso suponga un peligro físico ni un trauma intratable para ellos; para Molinos no es cuestión de fuerza, sino de inteligencia, de ahí que tenga "frases comodín" y que sepa que, si las malcría, como se malcrió a sus primos (a.k.a los pesadillas), hará de sus hijas unas ineptas.

Y otra diferencia, probablemente la fundamental: Chua no es coherente con el modelo de educación que defiende, confiesa abiertamente haber sobornado a su hija Lulu en alguna ocasión; Molinos, además de sentido común, es coherente con lo que defiende, se permite perder los nervios, se permite una pequeña desobediencia… lo que no se permite es enloquecer con los niños (explotar, sí, enloquecer, no), en ningún sentido.

Chua describe el declive a la tercera generación de inmigrantes asiáticos hacia occidnete (la 1ª se desloma, la 2ª trabaja duro y llega lejos, la 3ª -ya occidental- se ha adaptado a creer que tienen derecho a todo)
"concluí que no iba a permitir que le ocurriera nada, que no criaría a una niña mimada que se creyese con derecho a todo: que no dejaría que mi familia se arruinara"
La OMS considera que la sobreprotección es un tipo de maltrato, pero no me queda claro si esta mujer está más preocupada por el nombre de su familia que por el bienestar de sus hijas (mayor peso de la comunidad que del individuo... algo muy asiático y muy poco occidental), por contra, nos queda claro que a Molinos lo que le importa es el bienestar y la felicidad de sus hijas, sin descuidar la propia; en definitiva Molinos es el justo medio entre el exceso de Amy Chua (exceso patológico no tanto en la base de lo que piensa -en muchos casos es posible hasta compartirlo ¿quién no ve el declive?- como en los hechos -y por tanto es más grave- que describe) y la sobreprotección (al menos en lo académico) que reciben los pesadillas.

Chua es interesante, muy interesante, para reflexionar sobre la sociedad que tenemos en la medida en la que casi casi hemos abandonado todo el esfuerzo, no tanto si hablamos de maternidad; Molinos es el sentido común hecho madre, se puede ser madre y seguir siendo mujer, se puede ser madre y seguir siendo trabajadora... No sólo se puede, casi debiéramos decir que se debe.

En pocas palabras, ¿Recuerdan la fábula de la cigarra y la hormiga? ¿la hormiga es admirable? ¿seguro? ¿conoce a alguien que tenga como máxima aspiración de vida convertirse en ese detestable ser? pues Amy Chua es lo que pretende hacer con sus hijas, pero infinitamente más duro, según ella todo con vistas a un futuro que no llega nunca; cierto es que hay quien hace de sus hijos cigarras, vagos y sobreprotegidos que sólo piensan en su propia diversión, pero Molinos no sólo se opone al modelo Chua, también es lo opuesto a eso, la vida hay que vivirla y disfrutarla, aunque no todo es divertido, aunque a veces la gente se aburre, aunque a veces hay que decir no, pero nunca, nunca hay que excederse.

Si Amy Chua es un best-seller (que lo es, y de los gordos) espero y deseo que Molinos también lo sea con el tiempo; necesitábamos oír a alguien que hablara de esfuerzo, para variar, pero también debemos escuchar de cuando en cuando el sentido común en un libro ameno, divertido y maravillosamente escrito en un mar de integristas de la maternidad.

Todo lo que era sólido

Hace unos años, en un primero de bachillerato, le solté a los alumnos una chapa tremenda sobre lo importante que era luchar cada día por la libertad... y los mandé al cine a ver Persépolis, una película que narra el descenso a los infiernos desde lo verdaderamente horrible que era el Irán del Sha hasta lo peor de lo malo de lo horrible del infierno en que lo convirtió la revolución islamista de Jomeini; porque encima no se trata sólo de perder la libertad que tenemos, por ejemplo, en nuestra Europa esencialmente socialdemócrata (aunque cada vez menos) sino que todo, por mal que esté, es susceptible de empeorar.
Pero mis alumnos son adolescentes que viven en el mundo de la piruleta, tienen cierto derecho a la inconsciencia. 

Hace una semana me echaron del feminismo porque entendí una noticia a la primera, pero, mejor aún, también echaron (o directamente no aceptan) a Ayaan Hirsi porque consideran que una somalí musulmana en origen, pero atea por convicción, no puede criticar el islamismo radical... será que no sabe de lo que habla a pesar de que su abuela le practicó la ablación a espaldas de su padre (que se negaba) que la mandaron a Canadá a casarse (y huyó a mitad de viaje) y que dedica su vida, precisamente, a alertar de los peligros del islamismo radical al que con nuestros ojos de condescendencia europea miramos con algo que sólo puede ser calificado como paternalismo... y eso por no mencionar cuando me enteré de que la estupidez sangrante de lo de los burkas occidentales no es original de una articulista de Normajean, sino que tiene unos años...
Pero mi expulsión del feminismo era una discusión por twitter con alguien que ya sabía, desde la mismidad de su nick, que no entraría dentro del feminismo sino del perdido überfeminismo occidental (lean a Dawkins, por favor), y, sobre todo, sabía que es una cretina y por ello ¿tiene cierto derecho a la inconsciencia?

El problema, y ahora sí vamos con Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina, es cuando esa nula defensa de la libertad (porque libertad es mucho más que no vivir en un régimen dictatorial) o ese entretenerse en discusiones absurdas se ha hecho patrimonio de todos, desde la clase política hasta el último de los ciudadanos porque pensamos (espero que sólo en pretérito perfecto simple) que todo era sólido, que éramos ricos y que nuestra democracia era inamovible... porque nos la estamos jugando.

Todo lo que era sólido es un análisis demoledor del país que nos ha tocado habitar en estos tiempos de crisis, un país en el que se ha despilfarrado de una manera salvaje desde todas las instituciones mientras la ciudadanía aplaudía con tanta saña a los propios como criticaba a los ajenos; donde lo importante era sumarse a la orgía de derroche y no ver que el rey va desnudo ya que, como dice con insistencia Muñoz Molina, en este país lo peor que se puede ser es una aguafiestas. Un país que se hizo pedazos y dejó de ser un país para convertirse en 17 reinos independientes que construían sus aeropuertos, sus lenguas y hasta inventaba su propia prehistoria y donde el nacionalismo, siempre mitológico:
Primero se hizo compatible ser de izquierdas y ser nacionalista. Después se hizo obligatorio
Y todo ello escrito por un hombre sabio y viajado que dice:
No tengo nada contra el nacionalismo, igual que no tengo nada contra la religión, o contra el creacionismo. Allá cada cual con sus creencias. Tan sólo prefiero que las leyes me protejan para que los partidarios de cada una de ellas no tenga la potestad de imponérmelas.
Según Todo lo que era sólido estamos como estamos porque en lugar de usar el dinero que sí hubo para mejorar el país de verdad, a largo plazo, lo hicimos todo al revés, hasta el punto de que:
Cuanto más ricos parecía que éramos, mas irreconciliables se volvían las diferencias políticas, con mayor saña se agredía y se descalificaba al adversario, y por lo tanto enemigo.
Y dejamos de valorar lo esencial, lo que de verdad valía la pena fue tan descuidado que ahora, que ya no queda nada del espejismo, hemos de recortar de lo más importante para ver si así conseguimos, al menos, sobrevivir.

El repaso de Todo lo que era sólido está lleno de la sensatez que da el haber pensado mucho al respecto, de haberse espantado no ahora, cuando se ve que no era sólido, sino antes, cuanto íbamos poniendo los explosivos en los muros de carga. Antonio Muñoz Molina, por lo que cuenta en este ensayo, era el auténtico aguafiestas, la distancia le permitía ver que algunas cosas no cuadraban del todo, que no podía ser que la crisis hubiera explotado y aquí nada cambiara, que ahora parezca que no hemos aprendido apenas nada.

Pero, cuidado, Todo lo que era sólido, no es un libro que no abra una puerta a la esperanza, en algún momento hicimos las cosas bien (aunque haya quien se empeñe -curiosamente desde la izquierda que se proclama auténtica izquierda en imitación a La vida de Brian- en negarlo) y fuimos, o fueron nuestros padres y abuelos, gentes que se esforzaron día a día y valoraron lo que iban consiguiendo en lugar de comportarse como nuevos ricos enloquecidos.

La conclusión del libro, absolutamente recomendable, prácticamente imprescindible no tanto para aprender sino para reflexionar en profundidad, sin dogmatismos, es que nos falta cultura democrática, nos perdimos la ilustración, nos perdimos la modernidad ¿Qué más cosas vamos a perdernos?
En treinta y tantos años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática.
Nada era sólido, y no hay nada menos sólido que el abismo de futuro que se nos abre... Sólo espero que dentro de 100 años un estudiante del futuro no lea este libro y lo encuentre de rabiosa actualidad... 

Quemar la noche

En el siglo XVI, Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús, fue animada por su confesor para que contara la vida ejemplar que había llevado, para gran disgusto de los estudiantes de 3º de ESO. Pues bien, Liz Murray hace algo similar, con una diferencia, su vida no es en absoluto ejemplar, pero sí lo es, y con nota, su esfuerzo para alejarse de lo que el destino le tenía reservado.

Quemar la noche es la historia autobiográfica de alguien que el día de su nacimiento hizo su primer test por drogas -y dio positivo-, que vivió en la calle, que dejó el colegio, que vio cómo sus padres se destruyeron siempre y que, teniéndolo todo en contra, acabó licenciándose en Harvard. 

Es un libro interesante de una mujer admirable (cómo no admirar a quien, con tal de ponerse al día, hacía los deberes en el rellano de un edificio donde posteriormente dormía) donde encontramos lo esperable en la hija de unos adictos (coca inyectada y alcohol) que viven de los servicios sociales (la madre de Liz tiene una pensión de los servicios sociales porque apenas ve); encontramos hambre, toneladas de responsabilidad infantil frente al desbarajuste de los dos adultos; pero, curiosamente, también vemos que ha pasado el tiempo y que Liz no sólo ha perdonado a sus padres (leyendo el libro, por la forma de expresarse, se deduce que hay bastante terapia detrás) sino que los quiere profundamente, que siempre los quiso profundamente.

Sin que sea un libro para tirar cohetes (insisto, es interesante pero está lejos de ser fascinante) lo que me anima a recomendarlo es que Quemar la noche cuenta una historia espeluznante (por muy feliz que sea el final, por mucho que lo sepamos desde la portada, la historia es espeluznante) pero tremendamente luminosa; la autora, que no olvidemos que cuenta su propia vida, nos hace fácil la lectura a base de ocultar detalles escabrosos, sólo sabremos de lo indescriptible cuando es absolutamente necesario para avanzar en "la trama" (ya se sabe que la literatura, al contrario que la realidad, ha de ser verosímil, y Quemar la noche no es ficción literaria) y, por contra, Murray se regodeará en los claros que hay en su vida; lo buenos que fueron sus amigos cuando no tenía dónde vivir, lo motivadores que fueron sus profesores cuando decidió volver al sistema educativo que la llevó a Harvard, la cantidad de gente que la ayudó en cuanto su historia salió en el NYTimes y, en un momento en el que pareciera que para conmover o para transgredir hay que regodearse en lo desagradable, se agradece una visión optimista de que, aunque es terriblemente difícil, si se es persistente de verdad, si se tiene cariño alrededor, si no se tira la toalla, se puede vencer al destino, vaya si se agradece.

Hay un detalle, además, que me ha gustado especialmente en Quemar la noche; Murray quiere escribir un libro inspirador, y lo hace, pero cuanto más avanzaba en su vida, más patente estaba la idea de que su padre no paraba de leer entre pico y pico, que la droga se lo comió todo, salvo su amor por la lectura (y por sus hijas, salvo que tuviera que elegir entre darles de comer y picarse, que entonces ganaba el pico) y esa pasión se la transmitió a sus hijas sólo a base de que lo vieran leer y tuvieran libros alrededor. La literatura como refugio ante la adversidad y como cimiento es una buena idea, porque es terriblemente sencilla, si los niños ven a sus padres leer y tienen libros para ellos, leerán.

Como es costumbre puedes seguir -y participar- el debate sobre el libro aquí, en el Club de lectores 2.0, y leer el resto de reseñas también en sus respectivos blogs, es decir, el de Bichejo, DesgraciaítoCarmen y el nuevo y rutilante fichaje, Mirichán.

Hablemos de langostas.


Como ya imaginarás, querido lector, el segundo libro de este Club de lectura 2.0 es Hablemos de Langostas de David Foster Wallace, un autor del que Bichejo se ha enamorado (podéis ver su reseña aquí) y que también ha leído Desgraciaíto (reseña aquí).

Lo primero que tengo que decir sobre el mismo es que puedo entender, hasta cierto punto, el nivel de fascinación por este autor; es cierto que su escritura es diferente, que no es una novela sino una serie de artículos sobre temas diversos que más adelante analizaré, pero que no ha terminado de convencerme… al tiempo que me ha marcado, curioso ¿verdad?

Si hay un adjetivo que me viene a la mente cuando pienso en lo que he leído es sórdido, y es que DFW es el autor de lo sórdido, un hombre que cuenta con muchísima gracia lo que ve y le llama la atención pero parte de la base de que no debería llamársela sólo a él, debería llamárnosla a todos; y es que Foster Wallace no da ninguna concesión a lo divertido del asunto y eso hace que todo sea divertido, como explicado para un marciano, es el lúcido que no puede pretender normalidad en donde no la hay, ácido y divertido, todos y cada uno de los artículos que componen el libro tienen donde rascar, empezando por los títulos, y sin olvidarse ninguna de las anotaciones que, a veces, son más fascinantes que aquello que están anotando. Allá vamos:

Gran hijo rojo
Este artículo es una maravilla pero es espeluznante, quiero decir, describe un mundo sencillamente espeluznante que no es otro que el mundo del porno. Nuestro intrépido autor asiste a una convención con entrega de premios y describe punto por punto aquello con lo que se va encontrando, un mundo sórdido y profundamente desagradable, lleno de estrellas y actrices B que son lo opuesto al erotismo en sus funciones entre las que se encuentra una que ha tenido la desfachatez de implantarse unas peras que puede inflar o desinflar según la ocasión lo requiera a través de unos pequeños orificios en las axilas.
El autor no nos da un momento de paz a lo largo de sus páginas, y no son pocas, por lo que, si de mí hubiera dependido, lo hubiera dejado para el final porque ha sido realmente difícil sacarse la sensación de sordidez de encima.

Ciertamente el final de alguna cosa, o por lo menos eso es lo que a uno le da por pensar
DFW es un gran reseñista, algo a lo que aspiramos todos aquellos que pasamos algún tiempo escribiendo sobre cosas de la cultura. En este caso nos habla de Hasta el final del tiempo, una novela que, vista la reseña y la aparente misoginia de su autor no pienso leer en la vida pero cuya reseña me ha hecho reírme a carcajadas, jamás había visto tantas bofetadas sobre el mismo sujeto, lucidez del reseñista en estado puro.

Tal vez la única cosa que el lector termina apreciando de Ben Turnbull es que resulta una caricatura tan tosca de los protagonistas de Updike que ayuda a clarificar qué es lo que ha resultado tan desagradable y frustrante en los personajes recientes de este autor […] Ni una sola vez se le ocurre, sin embargo, que la razón por la que es tan infeliz es que es un gilipollas.

Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka de los cuales probablemente no he quitado bastante
No me atrevo a decir que sea el mejor artículo del libro, pero desde luego sí es con el que más he aprendido (al menos aprendido en un sentido agradable, ahora sé cosas del porno que me gustaría olvidar)
Leí a Kafka hace demasiado tiempo y es una relectura que tenía pendiente; Kafka es un autor difícil pero, tras leer a Foster Wallace, por fin he encontrado la clave del asunto:

 Lo que afirmo es que la gracia de Kafka se basa en una especie de literalización radical de verdades que solemos tratar en forma de metáforas.

Y vaya si tiene razón, qué literalización más radical que convertir en un ser repugnante a alguien que tiene una vida repugnante.

La autoridad y el uso del inglés americano
Otro artículo fascinante, pero no sé si apto para todo el mundo en cuanto a que es la reseña sobre un diccionario. A mí me ha encantado porque me fascina la lexicología, porque soy de las que se leen las introducciones de los diccionarios y procuro enterarme de cómo se han hecho pero, y esto sí que es para todo el mundo, el artículo encierra una reflexión que todos deberíamos hacernos ¿quién es el autor del diccionario que sea para decirnos qué es una palabra o por qué esa palabra y no otra?
Artículo que tiene más preguntas que respuestas, más reflexión que análisis y que deja al lector pensativo, como deben dejar estas cosas.

La vista desde la casa de la señora Thompson
El mejor artículo del libro con diferencia, pero absolutamente demoledor; en esta ocasión, con la excusa inicial de la visión de las banderas que colgaban en todas las ventanas, Foster Wallace nos va contando las sensaciones tras el 11S, la fecha de la infamia a la que se refiere como el Horror y eso es lo que percibe el lector, un Horror de tales dimensiones que no se puede creer, porque, como dicen en el libro, parecían imágenes de Independence day.
Hay que señalar, además, que DFW es un autor de una valentía que creo que hasta hoy no había visto jamás –es lo que tiene ser un lúcido- en la medida en la que habla de la belleza de las imágenes del atentado cuando algunos aún, once años después, no nos hemos repuesto del susto pero que, de haber sido las imágenes de una película de ficción y no una atrocidad espeluznante, hubiéramos considerado un acierto (o una exageración, que si algo tiene de particular el 11S –además del espanto y tantas otras palabras que aún hoy me faltan para describirlo- es que si conseguimos creérnoslo es porque pasó)

Arriba, Simba
En esta ocasión DFW nos cuenta los vericuetos de una de las campañas de John McCain, y nos volvemos a encontrar, de nuevo, un punto de vista diferente, no sólo por el artículo en sí como por el hecho de que nos haga partícipes de lo que hay detrás de su propia escritura. Y por supuesto su visión de la campaña.

¿les importa a ustedes [lectores de Rolling Stone] un pimiento el hecho de que McCain pueda o deba ganar?
 Y cuando el senador McCain también dice […] cuesta no escucharlo como otro ejemplo más de las idioteces cuidadosamente guionizadas que los candidatos presidenciales nos van soltando mientras siguen intentando convertirse en el ser humano más poderoso importante y comentado del planeta.

En esta ocasión lo más interesante es cuando nos da un glosario de vocabulario de campaña relevante… chanante… porque las campañas en sí, sus puntos fuera de foco ya los suponemos chanantes a nada que tengamos imaginación.

En el libro hay cuatro artículos más, interesantes pero que resultan un tanto repetitivos, o que quizá no están a la altura de los ya citados;

Tenemos otras dos reseñas:

Cómo Tracy Austin me rompió el corazón
Qué decir de este artículo, que no es más que la reseña de una autobiografía sobrecogedoramente insulsa que lleva a Wallace a reflexionar sobre la admiración a los deportistas y su manía por contarnos cosas (a la manera de Twain y su abrir la boca y demostrarlo). Tras haber leído sobre lo inenarrable y con la sensación del Horror aún en la piel no se mantiene el nivel de los anteriores y, visto que hasta este artículo apenas hemos podido respirar con algo de paz, hasta se agradece (a pesar de estar aquí va a continuación del artículo sobre el 11S)

Los grandes atletas suelen resultar pasmosamente incapaces de hablar sobre esas cualidades y experiencias que constituyen lo fascinante de sí mismos. Para mí, sin embargo, la pregunta más importante es por qué esto resulta siempre tan amargamente decepcionante.

El Dostoievski de Joseph Frank
Como suena, pero con menos bofetadas de la habitual. Para fans de Dostoievski en la medida en la que también analiza al autor y aunque lo desconocía (a DFW) hace dos meses siempre es interesante lo que tiene que decir.

Y dos experiencias chanantes:

Presentador
Un análisis sobre el día a día de las tertulias radiofónicas.

Hablemos de langostas
Si en el primer texto nos encontramos a DFW en unos premios al cine porno, en esta ocasión lo acompañamos al Festival de la Langosta de Maine, que no es un mundo sórdido y por lo tanto podemos disfrutar de las chalaúras que se ven. El título es literal, da lo que promete, hablemos de langostas, y nos da una chapa sobre las langostas, sin trampa ni cartón. Divertido hasta cierto punto, pero después de la señora Thompson no es para tirar cohetes.