La isla de los pingüinos

¿Por qué se preocupa de buscar documentos para componer su historia [de los pingüinos] y no copia la más conocida, como es costumbre? Si ofrece usted un punto de vista nuevo, un a diea original, si presenta hombres y sucesos a una luz desconocida, sorprenderá al lector, y al lector no le agradan las sorpresas, busca sólo en la Historia las tonterías que ya conoce.
La isla de los Pingüinos. Anatole France.

El libro que hemos leído este mes en el Club de lectores 2.0 es ni más ni menos que la obra cumbre de Anatole France, uno de los escritores con más renombre de la literatura francesa del XIX, autor celebérrimo no sólo por su obra sino también por, entre otras cosas, su posicionamiento junto a Zola en el caso Dreyfus (del que hay un hilarante capítulo en La isla de los pingüinos que es infinitamente menos exagerado -esto es, está muy pegado a la realidad- de lo que pudiera parecer)

La isla de los pingüinos es una sátira de la historia de Francia que comienza tras el bautismo accidental, por parte de San Mäel -un hombre muy santo pero un poco cegato- de un grupo de pingüinos, un hecho que, dado que los animales no tienen alma, provoca un pequeño escándalo en el cielo obligando al mismísimo Dios a convocar a los doctores de la iglesia para ver cómo se resuelve (hilarante). Ahí comienza la historia de La Pingüinía, que no es otra que la historia de Francia, y pasa por todas sus etapas, desde la atroz construcción de los mitos, un aún más atroz cristianismo primitivo, la monarquía dinástica, la Revolución que instaura la República con sus defensores y detractores, el caso Dreyfus y un previsible futuro -para France- que supone el ocaso de la civilización para su posterior renacimiento, y ocaso, y renacimiento...

La novela está contada como si fuera un libro de historia, de ahí el párrafo que encabeza esta reseña, y la búsqueda de un fingido Cide Hamete Benengeli que documente la historia de la Pingüinia. Con un ácido sentido del humor France va repasando hechos históricos que luego volverá a citar porque se convertirán en la historia de los nuevos hechos narrados y es, además de un acierto, lo que me ha resultado más divertido de la novela, ver como los hechos se iban convirtiendo poco a poco en leyendas (y ya sabemos lo que inventa el pueblo cuando tiene material) para pasar a formar parte de la historia sagrada de Pingüinia... ¿o es que se creen ustedes que es verdad que el Cid conquistó algo cuando ya había muerto porque a alguien se le ocurrió atar su cadáver a un caballo?

El capítulo más interesante, aunque todos tienen su gracia, es además el más largo y, si me permiten un consejo, antes de meterse en los anales de la historia de La Pingüinia, lean un poco sobre el caso Dreyfus (no, Zola lo leí hace mil años y no sirve para entender bien lo que ocurrió) porque así verán que, por disparatado que parezca el relato que France hace de los hechos, la realidad siempre supera a la ficción.

Por si fuera poco interesante, además, France se atreve a vaticinar un futuro que, al menos mí, recuerda mucho a lo que pensábamos que sería el final en los años 80, se ve que una misma imagen ha poblado nuestras pesadillas desde principios del XX y no deja de ser curioso.

Cuando terminó el siglo pasado, aparecieron montones de listas de Los n libros imprescindibles del siglo XX y, por alguna razón que no alcanzo a comprender, La isla de los Pingüinos no estaba entre los diez primeros en ninguna de las que recuerdo; aunque se trate de la historia de Francia es muy fácil reconocer la civilización occidental en ella, es decir, es muy fácil reconocerse en sus manías, en sus leyendas, en sus creencias... y, para colmo de males, durante muchos años, no fue un libro sencillo de encontrar (afortunadamente eso ya está subsanado). En fin, cosas veredes.

Para leer el resto de reseñas de mis compañeros del Club de Lectura 2.0, diríjanse a los sitios habituales: Desgraciaíto, Carmen y Newland, y en algún momento haremos un podcast al respecto ¡no se lo pierdan!

Durante el mes de mayo leeremos Honrarás a tu padre de Gay Talese, para reseñar el 1 de junio ¡feliz lectura!

Canciones de amor a quemarropa

El libro del club de este mes, a propuesta de Bichejo, ha sido -como seguro que ya ha podido averiguar, clarividente lector- el que corona esta entrada, de Nickolas Butler, y no sé si porque he decidido, de forma totalmente voluntaria y consciente, que este año me iban a gustar los libros del Club o porque el libro es objetivamente bueno pero la cosa es que me ha encantado.

Canciones de amor a quemarropa no cuenta una gran historia, ni tiene giros inesperados (aunque algunas cosillas hay) pero es precisamente ahí donde está su fuerza: en las cotidianidades. Un grupo de amigos de toda la vida de un pueblo perdido en algún lugar de los EEUU, la sal de la tierra, se reúnen a propósito de la boda de uno de ellos; el grupo tiene una particularidad, y es que uno de ellos se ha hecho mundialmente famoso a base de rasgar la guitarra con canciones que hablan, precisamente, de sus vivencias y sentimientos vitales a propósito de su origen granjero.

El relato está construido de manera polifónica, esto es, cada uno de ellos nos irá contando cómo vive cada evento desde su punto de vista y -ahí está la magia del buen escritor- sin hacer trampas, es decir, un personaje jamás va a contar algo que no sabe por su propia experiencia, así, a cada capítulo, avanzamos más en la trama (porque sí, hay una trama), construimos más profundamente su relación, sabemos como lectores más de lo que saben ellos, sabemos cuándo mienten, cuándo dicen la verdad, qué secretos guardan para todos salvo para sí mismos, qué les motiva a hacer lo que hacen... Es un ejercicio de estilo muy interesante ver como una misma historia puede verse desde tantos ángulos, aunque Butler no reconstruye cada evento desde las distintas voces, nunca se repite, sino que avanza a través de ellas, y así rellena los huecos que nos faltan.

Piense, querido lector, cómo sería su vida si viviera en un pueblo pequeño, si se hubiera casado con su amiga de la infancia, si hubiera roto con ella varias veces durante la adolescencia, si sus amigos fueran los mismos, si sus lealtades fueran las mismas a pesar de que la vida mancha y la gente cambia y, sobre todo, piense en un día, en una borrachera, alguien le contara algo que lo cambiara todo.

Canciones de amor a quemarropa no le va a cambiar la vida y puede que en un año se haya olvidado prácticamente de la historia, pero es una lectura sencilla y amena que narra cosas tan normales, tan de gente normal (ahora que la gente normal parece haberse puesto de moda) que es imposible no reconocerse, aunque sea un poco, en sus páginas, y eso que soy profundamente urbanita, no he visto más vacas que las que salen por la tele y una en una granja escuela que me traumatizó para siempre; pero lo esencial sí lo he vivido, sí he tenido amigos, si he compartido recuerdos, sí he mantenido lealtades, sí he creído en alguien... ¿y quién no?

En definitiva, es la historia de la historia que, con alguna variante, podríamos contar prácticamente todos y aún así tiene pasajes que sorprenden.

Puede leer el resto de reseñas del Club de lectura 2.0 en los sitios habituales: Carmen, Nananalíder y Newland.

Y el mes que viene La isla de los pingüinos, no se lo pueden perder ¡Es Anatol!

El tiempo de los regalos

Hubo un tiempo, antes de que todos perdiéramos quizá para siempre la inocencia, en el que un joven de apenas dieciocho años que deseaba ser escritor podía, a fin de tener experiencias vitales que contar, echarse la mochila al hombro y empezar un viaje a pie desde la seguridad de su acomodada casa inglesa hasta el mismísimo Estambul.

En aquellos años, antes de la Segunda Guerra Mundial, un muchacho inglés podía ir hablando con los rudos marinos de Holanda, con quiénes se reían de Hitler en Alemania e incluso con quiénes lo idolatraban, conoció prostitutas, jóvenes que vivían muy adelantadas a su época, se hizo pasar por un viejo amigo de la familia, bebió, escribió un  diario y, sobre todo, disfrutó de un viaje del que da cuenta en este libro, aunque no lo abarca entero ya que aquí, en esta inconclusa trilogía, nos deja en Hungría y murió antes de escribir la tercera parte en la que narraría el final de su viaje hacia Constantinopla. Puede que ahí esté la trampa y el recuerdo embellezca la experiencia; hoy se nos hace inconcebible que alguien pudiera disfrutar en un pueblo lleno de esvásticas, pero el autor así lo recuerda, aunque lo escribe sabiendo lo que vino después. Sea como sea, el viaje es agradable de principio a... Hungría.

Cuando el Nananalíder nos propuso el libro y explicó de qué iba, recuerdo las lapidarias palabras Newland, socarrón: 
Un libro sobre un hombre andando ¿Qué podría salir mal?
Y todos, indefectiblemente, nos acordamos de Cesar Antonio Molinas y de La vida entera... Pero no, por suerte, al menos en mi caso, erré el tiro porque la verdad es que esta vez me ha encantado el libro del hombre andando que casi se está convirtiendo en un subgénero en este Club de lectura. Cuando empecé a leerlo decidí que iba a hacer con él el viaje, que aquello que describiera yo lo vería y que aquellos a quienes él conociera, yo los conocería; he de reconocer que hay algunas partes en la descripción de espacios que se hacen un poco pesadas pero se me ha hecho tan interesante el disparate de atravesar Europa a pie, tan divertidas las charlas que comienza, tan loco que se meta en casa de cualquiera que quiera acogerlo, tan curioso que sea tan bien acogido frente a lo que, según él, pasaría si un adolescente continental enemigo (nadie había olvidado todavía La Gran Guerra) se plantara en Inglaterra que, perdónenme la cursilería, a veces incluso he sentido nostalgia de una Europa más civilizada que ya no existe (y entonces mi mente racional grita que es de agradecer, que está ambientado a principios de los 30 y ya sabemos cómo acabó la historia). El libro es un viaje iniciático y el fin de la infancia, ni más, ni mangas... qué simbólico ¿verdad?

El tiempo de los regalos es, ni más ni menos, que un libro de viajes de cuando viajar a pie y solo era posible; divertido a ratos, interesante la más veces y sí, a veces se aturulla un poco pero aún así el resultado merece la pena por la belleza del conjunto (lo he leído en algún sitio y ahora no recuerdo dónde)

Como de costumbre pueden leer las reseñas del resto de lectores en los sitios habituales: Desgraciaíto, Carmen y Newland, así como escucharnos en los podcast que vamos colgado de cuando en cuando en la página del Club.

El mes que viene toca Canciones de amor a quemarropa, que ya hay quien dice que es un Irving... No sé qué pensar, salvo que he decidido que este año los libros de este, nuestro Club de lectura, me van a gustar, ea.

Por amor a la física

Este mes en el Club de lectura 2.0 hemos leído el celebérrimo Por amor a la física, un libro de divulgación científica escrito por el afamado Walter Lewin.

Walter Lewin es un profesor del MIT que se ha hecho muy famoso por sus fantásticas clases de física colgadas en Youtube... Yo soy de letras, pero como siempre he sido curiosa y odio esa división ciencias y letras en combate mortal, de los campos del saber de ciencias el que más me llama la atención es precisamente el de la física, lástima que desde el desconocimiento total... Hace unos años, una compañera -profesora de física- me prestó un libro maravilloso que me encantaría conseguir (si alguien sabe dónde, lo agradecería) en el que unos físicos soviéticos le explicaban ni más ni menos que al Soviet Supremo en qué consistía la Teoría de la Relatividad de Einstein y por qué era válida... Estaba escrito de forma tan sencilla -siendo conceptos sumamente complejos- y entretenida que pensé que, aun sin conocimiento alguno sobre el tema, la física no era tan inaccesible para alguien que sólo estudió física un año hace más de veinte... Pues bien, eso es Por amor a la física, un libro escrito para gente con una cierta curiosidad por la materia que puede tener unos conocimientos amplios o inexistentes, es decir, complejo y accesible al mismo tiempo, a ratos te pierdes en un concepto pero el profesor Lewin te pesca de nuevo...

Ahora bien, esto es el Club de tortura lectura 2.0 y no hay manera humana de que un libro no salga bien... El profesor Lewin tiene unas clases descacharrantes en la plataforma online (bueno, tenía... luego explico por qué) pero en el libro, aunque es interesante, no he sentido la misma curiosidad malsana que se supone quiere transmitir, es decir, no me pierdo tanto como para perder el interés pero lo que se podía ver en vídeo al leerlo no me ha interesando de la misma manera; no me entiendan mal, no es aburrido, pero está lejos de ser un digno canto de amor a la física como sí lo son las clases que se podían ver... 

Cada tema (no quiero usar capítulo, ni epígrafe porque es otra cosa) está introducido por una afirmación que Lewin va demostrando paso a paso a lo largo de la escritura... y ahí es dónde me ha ido matando el interés tema tras tema, es decir (por citar el primero, que es al que más veces va a recurrir para recuperar al lector) me parece muy interesante que seamos más altos tumbados que de pie, me parece super interesante saber por qué... pero me importa un carajo la manera en la que Lewin me lleva del qué al por qué, no me ha enganchado en ninguna explicación... y ahí, avanzando y avanzando, llega un momento en el que me importa muy poco la manera tan extraña en la que se abuela secaba la lechuga de la ensalada, o el arco iris... pero, ojo, eso no debe desmerecer las labores de Lewin como docente, era un magnífico profesor que usaba anécdotas personales para explicar sesudos conocimientos físicos... quizá sea yo, pero el libro amor, lo que se dice amor... no, no lo he sentido... y ya cuando se pone a hacer un recorrido por la radiación y la astronomía me ha matado, y en ese caso concreto me siento mal conmigo misma porque es un tema que me resulta especialmente fascinante.

Y, a modo de bola extra, el famoso gafe del Club de tortura lectura... llevamos unos días desconcertados por las últimas informaciones que han surgido a propósito del profesor Lewin, quien ha sido suspendido en estos días de forma fulminante como profesor emérito (tiene casi 80 años, lleva tiempo de emérito) y sus clases han sido eliminadas de la plataforma del MIT nada menos que por acoso sexual online... La historia es confusa y agradecería que el MIT se dignara a dar alguna explicación, aunque sólo fuera porque Lewin no es cualquier profesor... Aquí hay dos debates a la vista: uno tiene que ver con que si creemos que el MIT -que recordemos, no es un tribunal- se está curando en salud o ha hecho lo que tenía que hacer y dos -más interesante a mi entender- si consideramos que, de ser cierto, eso desmerece al señor que enseñaba física, es decir, si hace sus clases menos interesantes... 

Soy consciente de que como reseña esta entrada es rarísima porque sí recomiendo su lectura a pesar de que no me ha enamorado en absoluto, así que pásense por la casa de los otros miembros del Club de Tortura Lectura, que seguro que han hecho reseñas de verdad: Desgraciaíto, Carmen y Newland.

Offtopic: Cuarenta años

Este es normalmente un blog de reseñas, no le doy toda la tralla que quisiera (o debería) pero entiéndanme, la vida real me reclama, esto lo hago porque me apetece y tanto tanto me reclama y tanto tanto me apetece que tal día como hoy no podía dejar de felicitar a la sin par B por su CUARENTA cumpleaños... qué mayor eres y qué bien estás, jodía.

Como felicitarla CUARENTA veces no sería suficiente, aquí van CUARENTA razones por las que felicitar a B:

1. La primera es obvia ¡¡porque es su cumpleaños!!
2. Porque con lo mayor que eres (mwahahahaha) hay que ver lo bien que estás, jodía.
3. Porque has conseguido encontrarle el lado divertido a la vida (y probablemente por eso estés tan bien).
4. Porque haces de la vida un momento de placer y algo digno de ser vivido.
5. Porque te ríes muchísimo y nos haces reír a los demás.
6. Porque aglutinas en torno a ti a una cantidad de gente tan estupenda que no sé cómo me dejáis jugar.
7. Porque mezclas los grupos de gente de manera sensacional.
8. Porque no te has vendido por ser la más popular, o la más chupi, 
9. Porque no te has rendido ante lo que merecía la pena.
10. Porque has conseguido mantener tu postura y ser tú misma en momentos complicados, y la vida te ha acabado compensando por ello.
11. Porque si no te hubiera compensado ya te hubieras encargado tú de que lo hiciera, ¡menuda eres!
12. Por tus frases populares, aka bichispazos, tan sensacionales.
13. Porque te brilla mucho el pelo.
14. Porque tienes un cutis sensacional.
15. Porque tienes las uñas perfectas, aunque a veces (ejem) te las muerdas.
16. Porque eres una rubia tan poco rubia que hasta ser rubia es divertido.
17. Porque te embarcas en todo lo que crees divertido.
18. Porque nos embarcas a los demás en todo lo que crees divertido.
19. Porque rindes en el trabajo, tan seria, y lo haces fenomenal.
20. Porque quieres y odias intensamente, y hasta cuando odias a alguien, lo haces de forma divertida.
21. Porque conseguiste no matar a Orejas de conejito y bien que se lo merecía.
22. Porque eres terriblemente sensata, a pesar de esforzarte en el chorlitismo.
23. Porque le das importancia a las cosas que la tienen.
24. Porque le quitas importancia a las cosas que no tienen importancia alguna en las que los demás, a veces, nos ahogamos de puro papanatismo.
25. Por descubrirnos el concepto del bonitismo.
26. Porque sólo por ver la red inundada de post de felicitación ya estarás contenta días y sólo por eso merece la pena pensar en 40 razones.
27. Porque puede que incluso la emoción te embargue tanto que llores y todo.
28. Porque sabes hacer bufandas chulísimas en punto de arroz (y no me matas por la flauta desnuda)
29. Porque eres la generosidad andante y ¡encima! creo que ni siquiera eres consciente de lo generosa que eres.
30. Porque vives sin rencor y esto parece una cosa sin más de la lista pero si le das unas vueltas hay muy poca gente que no esté atrapada en algún rencor del pasado. Tú siempre avanzas.

Y me guardo las diez últimas para felicitarme a MÍ jejeje

31. Porque estás en mi vida, y eso siempre merece celebración.
32. Porque puedo contar contigo, y lo hago, y has salido en momentos clave a demostrarlo sin que haya siquiera que llamarte.
33. ¡Porque vas a ser Rumpelstinskin de verdad! y es casi lo que más ilusión me hace del temón... cumplir la promesa que te hice.
34. Porque en algún momento serás también la niña de las flores (sí, hija, sí), ya veremos cuando, pero dame un par de años y con eso ya no te deberé promesas pero seguiré haciendo lo que me pidas (dentro de un orden, je)
35. Porque eres la única con la que comparto mi pasión por Concha, que me hacía sentir viejuna pero ya he visto que no, y que hay que mandar a la mierda los complejos ¡si a ti te gusta Arturo, santo cielo!
36. Porque si no te felicito, alomojó te enfadas, y enfadada me das un poco de miedo.
37. Porque no te lo digo a menudo para no parecer cursi y cansina, pero te quiero muchísimo y me haces muy feliz.
38. Porque si estoy donde estoy, con todo lo que eso conlleva, es por lo plasta que te pusiste a partir de un Nessum pollo
39. Porque haces mi vida mucho más divertida embarcándome en todo lo que me embarcas.
40. Porque somos un desastre con los correos de los martes pero no hay reproches y eso mola mil.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, B! 
¡A POR LOS PRÓXIMOS CUARENTA!

Entre limones

Este mes, el Club de lectura ha decidido meterse de lleno en la Alpujarra para cultivar limones, que ya hay que tener valor, y ganas, y corazón, porque cabeza, lo que se dice cabeza... el autor tiene la cabeza justita para no hacérselo encima.

Entre limones narra las peripecias de un inglés insensato que decide coger sus ingleses bártulos allá por los años 80 y comprarse un terrenito en la Alpujarra... y eso sin darse a la heroína tiene que tener una explicación científica. Me pasé aproximadamente la mitad del libro pensando que el autor, Chris Stewart, no había estado jamás en la Alpujarra y no había visto un olivo ni de lejos porque todo lo que describe parece sacado de la prehistoria: señores que hacen casas a mano, puentes con troncos, medicinas con hierbas... y entonces busqué información para ver de dónde sacaba tantas insensateces y me encontré con que este señor fue el primer batería que tuvo el grupo Génesis y, como se ve que no tenía muchas luces, lo sustituyeron tras el primer disco por lo que empaquetó todo y se vino a la Alpujarra (aunque de cuando en cuando se iba a Suecia a esquilar ovejas, todo muy cuerdo, sí)... vamos, que lo que cuenta en el libro lo vivió... y encima el insensato no está solo, hay otros extranjeros como él que se van a la Alpujarra a "cultivar olivos", un árbol que tarda diez años en hacer algo, que hay que golpear con saña para sacarle algo, y que si no tienes una infraestructura detrás poco rendimiento le sacas al producto... un disparate, en definitiva.

El libro se lee rápido y con facilidad pero, como decía, es una sucesión de insensateces que no consiguen retener al lector, ni siquiera moverlo a la carcajada (que juraría que es lo que pretende en algunos pasajes). Entre limones narra la historia de un hombre que decide vivir como un pastor de cabras alpujarreño de los años 80 (en la Alpujarra los años 80 del siglo XX no deben de ser muy distintos de los años 80 del siglo XIX... ni del XVI) habiendo sido un batería de Génesis en los años 80 y claro, se le caen los puentes, se le escapan las ovejas, le toman el pelo doscientas veces los lugareños que lo alimentan a base de papas a lo pobre y los tratantes de ovejas lo boicotean hasta que aparece un carnicero milagroso porque es lo que pasa cuando tienes el sueño hippy de vivir de forma natural cuando lo natural para ti no tiene nada que ver con la tierra. Le pone voluntad, eso sí, y por lo visto allí sigue... Tal vez un día de estos me acerque a ver si lo encuentro ahora que ha decidido poner una carretera que conecte su Valero con el mundo... Lo que ya no sé es qué hacer si lo encuentro porque por lo que cuenta es feliz y ha salido adelante a pesar de, por ejemplo, el penoso incidente de coger una escopeta para matar a uno de sus perros -que escapó milagrosamente- porque trató de comerse una de sus ovejas o del hecho de tener que levantar el dichoso puente del río cada dos por tres.

Entiendo que haya quien renuncie a todo para irse a la Alpujarra a vivir pegado a la tierra, si son felices, lo que no termina de cuajar es en formato de novela, un psé de manual. 
El premio higo del año, ea.

Podéis leer el resto de reseñas en los sitios de costumbre: Club de lectura 2.0,, Carmen, Newland y Desgraciaíto ¡Y no os perdáis el podcast, que seguro que es divertido tras tanto disparate!

El libro de los vicios

Es sabido que la humanidad tiende a hacer propósitos para Año Nuevo, a saber: ir al gimnasio (alguna vez), dejar de fumar (dos años ya), adelgazar... Luego no cumplen ni el diez por ciento, y eso con suerte, porque lo normal es que no se pierdan ni los kilos cogidos durante las cenas navideñas, ni se aprenda inglés, ni ná de ná... El Club de Lectores 2.0, que es mucho más que un Club, ha decidido que, en lugar de hacer propósitos buenos, era mucho más honesto irse por el camino del vicio, así que, el primer libro del año (aunque en realidad sea el libro con el que estamos cerrando, recuerden que hablaremos de él a lo largo de enero) no podía ser otro más que El libro de los vicios de Adam Soboczynski.

El libro de los vicios no narra exactamente una historia sino que se limita a plasmar las reflexiones que tiene un señor en torno a cómo ha ido cambiando la vida sin que nos diéramos cuenta para pasar de la normalidad de los rudos hombres de los anuncios de los años cincuenta a la estupidez de las asociaciones de las madres y padres de alumnos y alumnas; habla de cómo cosas que antes se daban por sentadas, que no escandalizaban a nadie, hoy en día se consideran auténticas atrocidades... en definitiva es una denuncia del pielfinismo reinante porque, qué duda cabe, cuánto más nos preocupamos por la forma de las cosas más abandonamos el fondo... ¿o será que ya no hay fondo? Ahí vemos una pareja absurda, que hace cosas absurdas, que compra muebles absurdos, que hace fiestas absurdas, pero que tiene una imagen políticamente correcta; ahí vemos también como la ¿pareja? del protagonista no tiene nombre sino que es "la mujer que mejor que conoce" o como uno de sus ¿amigos? es "el viejo amigo mío que se dedica con éxito a algo relacionado con la cultura" frente a la mujer de la pareja absurda que sí tiene nombre; y es que no es, como decía, una historia, es una crítica brutal a nuestras obsesiones a través de capítulos cortitos que no se sabe muy bien a dónde nos llevan, si es que pretenden que vayamos a algún sitio... La idea no es mala pero a mí solo me ha parecido un señor quejándose, como si el personaje central de El guardián entre el centeno no hubiera recibido las dos bofetás a tiempo que se merecía y hubiera llegado a la edad adulta tal cual... Porque a ver, todos los que rodean y tienen nombre son, o eso nos dice él, unos cretinos... pero ¿y él? ¿qué sabemos de él más allá de que observa y se queja amargamente por todo? ¿qué sabemos de él más allá que el hecho de que todos los demás le parecen unos cretinos?

En definitiva la idea de Soboccho... Sobocyz... Soboyns... del señor este que escribe sobre vicios no es mala, pero no termina de cuajar, no cuaja en Alemania (donde transcurre la mayor parte de ¿la historia?) ni en Barcelona, ni en mi casa... Es cortito, tiene momentos bastante simpáticos pero no deja huella alguna y, en general, es pelín aburrido porque no he conseguido ver lo que él veía... Inténtenlo, quizá a ustedes, queridos lectores míos, sí les guste, total, un par de horas.

Pueden leer las reseñas de este libro, mucho mejores que esta sin duda, en los sitios de costumbre: Carmen, Desgraciaíto y Newland, así como seguir nuestras peripecias en el Club de lectura 2.0 donde encontrarán, además de los debates que suscitan los libros (jejeje) el podcast con recomendaciones de libros para regalar, que nos ha quedado muy majo.

La larga marcha

Hoy es uno de diciembre, día mundial de la lucha contra el SIDA y día en el que el Club de lectores 2.0 se pone a caminar para recorrer, en esta ocasión La larga Marcha del autor valenciano Rafael Chirbes (no me explico por qué me había autoconvencido de que este señor era de Jaén)

La novela tiene unos comienzos complicados y unos finales que no son todo lo sencillos que debieron... porque nada es sencillo, ni entonces ni ahora, en este país.

La larga marcha narra la historia de varias familias durante la posguerra y durante lo que ha venido a llamarse tardofranquismo. Desde distintos orígenes sociales, distintos bandos, distintas vivencias pero una misma angustia de posguerra el universo de personajes se va moviendo en algo que no se puede llamar vida, sino simple supervivencia... pero de todo se sale, estos personajes que han sobrevivido no sólo al horror de la guerra, sino al hambre, la incertidumbre y la muerte de la esperanza que para muchos fue la posguerra, siguen adelante y tienen hijos que, al borde los años setenta empiezan a rescatar un poco el movimiento político que en este país había sido cortado de forma abrupta... y aquí quiero hacer un inciso, si hay algo que me ha gustado de verdad del libro es que en este momento de recuperación de la actividad política, Chirbes hace una referencia como de pasada a los eventos del 68, pero ojo, no sólo del mayo francés:
Y en el fondo también esa desesperanza para ellos [...] pasó a formar parte de la revolución que había empezado a crecer como una ola que se lo llevaría todo, y que, como un nuevo diluvio universal, arrasaría la tierra entera [...] Había otra gente com ellos al acecho en otros rincones de la tierra [...] las aceras del Boulevard SaintGermain, las piedras volcánicas de la Plaza de Tlatelolco, los puentes de Praga, y, desde el jardín de la Facultad de Filosofía, se escuchaba el rumor creciente de la marea que cubría al anochecer los arrozales del Mekong [...]
No me esperaba que un autor que decide escribir sobre la posguerra y el franquismo se atreviera a meter la revueltas universitarias en el mismo movimiento que, por aquel entonces, estaba agitando el mundo y cuestionándoselo todo. Con el final de la Segunda Guerra Mundial el mundo, la gente™, se alejó, de pura hambre, miedo y desesperación, de todo lo que sonara a política y no fue hasta los sesenta que una generación que no había vivido aquello empezó a agitarse y a rebelarse contra el orden establecido... exactamente igual que aquí... sólo que aquí había motivos mayores para la rebeldía.

Chirbes acomete un esfuerzo ingente para mostrarnos todo el espectro, desde el falangista venido a menos que recibió más promesas que realidades, hasta el médico que luchó con la república y no puede ejercer con toda la legalidad que quisiera (con lo que eso conlleva), pasando por una mujer de la burguesía que, al perderlo todo en manos de un hermano bandarra, sabe acercarse al sol que más calienta y acaba disfrutando de su bronceado, veremos hombres de pueblo que sufren pantanos, chabolas, en definitiva toneladas de miseria no sólo económica sino miseria moral por la total falta de esperanza...
Cuando el lector se ha quedado sin respiración ante tanta podredumbre el libro da un giro espectacular y vemos a esos hijos que hemos visto nacer en la primera parte tomar la voz protagonista, creceremos con ellos, que no se cuestionan nada más que sus propias vivencias, que no han perdido nada y sólo tiene cosas por ganar e iremos de su mano a los años sesenta y setenta, momento en el que todo se fue agitando, y veremos que la hija del médico se relaciona con quien se fue del pantano y es íntima amiga de la hija de la mujer que sobrevivió -y además fue feliz- poniéndose por montera al nuevo hombre de la posguerra que había sido secretario de su hermano antes de la guerra... y de su mano veremos que en esa crónica sentimental se va mezclando la política y los hijos de uno y otro bando coinciden en ella en un país en un momento en el que nadie estaba en condiciones de impedir la llegada de la democracia.

La larga marcha es justo lo que reza el título, todos los hechos nos conducen a un final al que llegamos exhaustos, pero felices, porque sabemos -y aunque no tuvieran la certeza entonces, también lo sabían- que se acerca por fin el final de la miseria.

En cuanto al estilo poco hay que decir, es Chirbes, y eso significa que es seco y a veces incluso cortante peeero en consonancia con lo que narra, así que, tras la larga noche, al final veremos que sale el sol y hay algunas concesiones a la belleza narrativa. Mis compañeros del Club de lectores dirán en sus reseñas que no tiene puntos y aparte y es cierto pero sólo en parte, me explico: la novela está escrita a base de pequeños capítulos que desarrollan en cada uno una escena de cada personaje... ahí no habrá ni un sólo punto y aparte en toda la novela peeero, como decía, se trata de pequeños capítulos, en definitiva es como si Chirbes le exigiera al lector que tomara aire antes de sumergirse en cada capítulo y no respirara hasta el final... el estilo en consonancia con lo que cuenta porque, incluso si hubiera puntos y aparte, lo que cuenta ahoga.

Podéis leer las reseñas de mis compañeros en los lugares habituales, aunque me consta que este mes hay una baja (sólo por este mes) ¡y no os olvidéis del podcast que saldrá en breve sobre este libro! ¡ni tampoco os olvidéis de los podcast anteriores! Lo dicho, las reseñas de los demás miembros del Club: Newland (ya que van, lean su post sobre la violencia en el fútbol, háganme el favor), Carmen y Desgraciaíto.

Por cierto, sale hoy también un nuevo post en el Proyecto Agatha Christie ¡No se lo pierdan!

Proyecto Christie. El misterioso caso de Styles

Contra la creencia popular,
Agatha Christie también fue joven.
Aunque esta es la primera reseña de una novela de Agatha Christie que aparece en este humilde blog de reseñas, no es la primera que escribo sino la segunda (si todo sale como está previsto, la primera -que duerme en programadas- aparecerá... ¡el 2 de noviembre de 2015!). El motivo de tan extraña numeración es que me he embarcado en una lectura colectiva de la genial escritora británica con otros lectores (¿llegará el día en el que, como dice mi querida Bichejo, no pueda elegir ni un sólo libro de los que leo?) que consiste en leer, de forma cronológica, una novela de la señora Christie cada dos semanas... salvo que alguien no llegue, que entonces el plazo se alargará a tres semanas. No es nuestra intención hacer reseñas largas (esto tiene que ser divertido ¡no hay que llenar la vida de obligaciones!) y sesudas de cada novela sino que, en el blog creado ex profeso, aparecerán unas pocas lineas de cada uno de los miembros del proyecto, comentarios abiertos, spoilers a mansalva y ya ¡les parece poco?

Ahora bien, por alguna incomprensible razón, a mí el cuerpo me pide escribir algo más sobre El misterioso caso Styles que esas  líneas compartidas así que utilizo el parapeto de esta mi casa -casi abandonada- de originalidad perdida y me pongo a ello. No me comprometo a reseñar aquí cada una de las 66 novelas (y otros tantos cuentos) de Agatha Christie, de la misma manera que no reseñé cada libro ambientado en la Guerra Civil que leí (y para que se hagan una idea, en mi TFM se habían analizado a fondo unos 45 y eso que excluí todos los que no tuvieran connotaciones de género), pero es posible que alguno más tenga cabida por estos lares; donde sí estarán todos es en el Proyecto Agatha Christie, si tienen interés y quieren acompañarnos pásense por allí.

El misterioso caso Styles no es el primer caso de Hercules Poirot, que es un sagaz señor jubilado, pero sí es la novela que le dio a luz, en 1920; este hecho tiene una doble importancia: por un lado el nacimiento de tan famoso personaje y, por otro -y de mayor importancia-, que es la primera novela de Agatha Christie y ya vemos en ella las razones que la catapultaron a la fama y la mantienen en ella, a pesar de dedicarse a un genero que ha encumbrado y olvidado a tantos otros autores.

Nerón... digo Peter Ustinov.
Hasta ahora conocía a Poirot, el peculiar detective belga, por sus encarnaciones en el cine; para mí Poirot hubiera debido tener el aspecto de Peter Ustinov, si no fuera porque Peter Ustinov siempre ha sido y siempre será el emperador Nerón de Quo Vadis? (y, ahora que lo he visto descrito por Christie, no se parece en nada) así que tenía una segunda opción de no menos relevancia que creo que se ajusta muchísimo más a Poirot (es clavadito) y no es otro que Albert Finney... No me dirán que no es deliciosamente irónico que los dos Poirot más Poirot que ha dado el cine hayan sido encarnados por dos actores británicos... ¿Será por eso por lo que no tenemos -Tintín me perdone- una clara imagen mental de lo que es un belga?

Albert Finney, clavaíco.
Poirot era un hombrecillo con un aspecto fuera de lo común. Mediría escasamente un metro sesenta de estatura, pero su porte era muy digno. Su cabeza tenía la forma exacta de un huevo y acostumbraba a inclinarla ligearmente hacia un lado. Llevaba un bigote engominado de aspecto militar. La pulcritud de su atuendo era increíble; dudo que una herida de bala pudiera dolerle tanto como una mota de polvo. 

En Styles conoceremos, además de a Poirot, a la familia Cavendish, típica familia británica de alta sociedad encabezada por una anciana que, cual duquesa de Alba, se ha vuelto a casar en su senectud con Alfred Inglethorp, un hombre veinte años más joven. En la familia hay, además, dos hijastros, John -infelizmente casado con Mary- y Lawrence, a los que la señora Cavendish mantiene aunque, al no ser sus hijos y haber tardado tanto en casarse de nuevo, no tiene verdadera obligación. Por peripecias del destino, son visitados por Hastings colaborador de Poirot en el momento en el que la señora Cavendish, ya señora Inglethorp, muere envenenada... A partir de ahí se desata la magia; la historia nos la narra, después de su solución definitiva, Hastings; veremos a Poirot y las rarezas que lo convierten en un adorable genio abofeteable, le oiremos pensar pero no podremos seguir la rapidez de sus pensamientos ya que Hastings, que no es una calculadora humana como Poirot, no sólo no puede sino que es utilizado, reprendido y a veces incluso ridiculizado por Poirot.

Como es de esperar en este género, los lectores pensaremos una cosa y nos equivocaremos, pensaremos en una segunda cosa y también nos equivocaremos aunque no habrá trampas ya que todas las piezas estarán a la vista... pero Poirot no se equivocará porque él no se equivoca nunca, ya se sabe que Devil is in details y Poirot ha reparado en todos ellos, ha unido todas las piezas y ha construido el puzle que, una vez revelado (y explicado) nunca pudo ser de otra manera. Y, lo mejor, es que a pesar de ese "como era de esperar", la novela te atrapa y te sorprende a cada paso sin que resulte tramposa, sin que haya que esconder nada esencial, y qué duda cabe, para conseguir ese efecto, para que no se le vean las costuras, hay que ser un genio como sólo puede serlo alguien de la talla de Agatha Christie.

El sentido de un final

Este mes, los aguerridos lectores de este, nuestro Club de tortura lectura, se han zambullido en las procelosas aguas de  El sentido de un final, novela del autor británico (visto el libro sencillamente no podría no ser un British) Julian Barnes.

La novela no narra una historia apasionante, ni tiene un final que tenga en vilo al lector más allá de la simple curiosidad -de hecho el título no se refiere al final de la novela, sino a la lógica que pudiera haber detrás del suicidio de uno de los personajes-, pero sí es un ejercicio muy interesante relativo a la memoria; estamos "programados" para creernos lo que nos cuenta el narrador, aunque llevemos más de cien años avisados de que el narrador no es fiable y menos aún si se trata de un narrador en primera persona, y todavía menos aún si el que tenemos ante nosotros es un cretino total (dudo que Barnes haya pretendido que a alguien le cayera bien el personaje, un cretino pedante que no pretende ocultarlo) pero, aún así, aunque como lectores dudamos de sus intenciones, nos creemos los hechos que nos cuenta, a pesar de que se sitúa cuarenta años después de los mismos, a pesar de que explicita en varias ocasiones que en la vida le ocurrieron otras cosas que no nos va a contar porque no es la historia que nos interesa... ¡Con qué derecho decide él qué nos interesa para juzgar su vida? 

La historia es sencilla, un grupo de amigos en el típico colegio británico; una pandilla molona, con costumbres de "marca" (llevan el reloj con la esfera en la cara interior de la muñeca... parece baladí, pero luego veremos el fetichismo que tiene), que discuten de grandes y apasionantes temas en dos volúmenes -que diría Benedetti- y que incorporan en sus filas a alguien mejor, más interesante, más lúcido, más independiente (jamás le dará la vuelta al reloj) al que admirar. Uno de los compañeros de colegio, que no es tan molón ni pertenece a la pandilla, se suicida y nuestro bichorista "club de poetas muertos" se dedica a analizar qué sentido tiene ese suicidio del que realmente apenas saben nada, total, el suicida en cuestión era un pobre hombre, y por lo tanto su muerte mediocre no tenía lógica (el "sentido" del título va más por el significado de "lógica" que por "dirección"), es decir, no tenía grandeza alguna. 

Terminan el colegio, van a la universidad, pierden más o menos el contacto. El protagonista se echa novia, una novia horrible, egoísta, que jamás se acuesta con él pero se frota con la cara interior de su muñeca hasta alcanzar el orgasmo (de ahí la insistencia del autor en mostrarnos la muñeca y el reloj, haciendo por el medio referencias entre el Eros -los orgasmos de Verónica- y el Tánatos -el reloj, el paso del tiempo, la muerte-) con la que rompe un día poco después de haber conocido a la horrorosa familia de ella. Un tiempo después, su admirado amigo, el que no lleva el reloj en la parte interior de la muñeca, empieza una relación con ella y, un tiempo después, se suicida. Todos llegan a la conclusión de que su muerte ha tenido un sentido, una lógica... hasta que unos años después muere la madre de Verónica y le lega el diario del admirado suicida lógico al protagonista... Y hasta ahí puedo leer (por extensa que parezca la sinopsis no es más que una introducción)

La novela es un juego de la memoria, lo que creíamos firmemente con veinte años lo dudamos a los cuarenta y lo sabemos falso a los sesenta. Recordamos con meridiana claridad cosas que no fueron ni remotamente como las recordamos y a veces sólo necesitamos una palabra, una "magdalena de Proust", para que la realidad ocupe el lugar del recuerdo en el que éramos estupendos y los demás malvados cuando, quizá, no fue exactamente así. Para avanzar hemos de perdonarnos, hemos de recordarnos mejores de lo que somos, e incluso hemos de olvidar errores propios al tiempo que sobredimensionamos pequeñas faltas ajenas. Ojo, no se entienda que sugiero que el suicidio tiene que ver con el protagonista, lo que quiero transmitir es que la novela es una revisión de la memoria.

También es llamativa la manera en la que está escrita; cuando están en el colegio es una novela ""intemporal", podría ser la preguerra, los años 20... a saber... no es hasta que no avanzamos que vemos, haciendo uso de la aritmética, que comienza en torno a los sesenta porque en el colegio están a salvo del mundo exterior; como Sidharta, están a salvo de la pobreza y la muerte; y entonces salen y el narrador pasa de ser un perfecto gentleman a ser soez, pasa de hablar de grandes temas éticos y filosóficos a hablar de "meterla en adobo" (no usa exactamente esa expresión pero es la idea) y cuando pasa esa etapa, en el postVerónica, vuelve a ser un narrador agradable; la vida en consonancia al recuerdo, como ejercicio de estilo es magnífico.


Ahora bien ¿la recomiendo? sí, mucho, porque es corta pero, a pesar de todas sus virtudes, que son unas cuantas, la historia no termina de cuajar y estoy convencida de que es porque el narrador protagonista es abofeteable de principio a fin pero, insisto, es lo suficientemente corta como para apreciar -al menos atisbar- sus virtudes de estilo.


El mes que viene me toca a mí elegir en esta dictadura rotatoria que ha impuesto el Club, así que leeremos La larga marcha, de Rafael Chirbes. Mientras tanto podéis leer la reseña conjunta y el debate -si este mes se produce- en la página de siempre y, por supuesto, podéis... qué digo podéis ¡debéis! leer cada reseña individual en las casas de cada miembro: Carmen, Newland y Nananalíder.

Y ya, como supongo que si pasáis por aquí sabéis, nos hemos lanzado al mundo de las ondas y hemos empezado a grabar un simpático podcast, el primero es la presentación y el resultado es divertido, no dejéis de oírlo ¡hasta canto!