Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie

Empecemos con una breve nota biográfica: por motivos educativos en los últimos dos años he leído unas cuarenta novelas ambientadas en la Guerra Civil, y ni sé cuántas reseñas (tanto de las leídas como de las no leídas), artículos y bichorismos varios sobre la literatura actual ambientada en esa época odiosa... terminé con el tema hace menos de un mes, así que puede imaginarse, querido lector, mi disgusto cuando vi que el libro de este mes para el Club de lectores 2.0 era precisamente, que ya es mala suerte, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie de Eslava Galán. 
De este autor leí hace unos años Historia de España contada para escépticos, me lo pasé pipa y lo recomiendo mucho (no como libro de historia serio, conste); para los motivos educativos leí Los años del miedo (confieso que más qué leerlo lo ojeé -sí, sin h, que yo leo sobre todo digital y, por tanto, no paso hojas- porque no quería que la realidad me sacara del maniqueímo novelesco... pero eso es otra cuestión que defenderé en unos días) que vaya, échenle un ojo al horror si tienen ánimos, y también leí La mula, una novela más bien flojita de la que se ha hecho una película espeluznante (sale Mario Casas, con eso lo digo todo). Sé que leeré más libros de Eslava Galán en el futuro, igual que en su día leí locamente libros de Marcela Serrano, porque no me entusiasma pero me entretiene, su lectura es rápida, sencilla y totalmente descerebrada... ojo, no tanto como en el caso de la señora Serrano, que no recuerdo ni qué demonios pasaba en Nosotras que nos queremos tanto más allá de que tres novelas después -tres días después, para que se hagan una idea de la ligereza de la autora- me dije ¿y yo qué demonios hago leyendo esto?

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie es literalmente eso, un relato de lo ocurrido durante a Guerra Civil, desde la preparación del golpe de Estado hasta el cautivo y desarmado contado desde mil puntos de vista -aunque con narrador omnisciente- y, eso sí es destacable, en presente (para que se entienda, por si acaso, no es que lo actualice o lo ambiente en presente, es que lo verbos que narran los hechos están conjugados en presente de indicativo y mi corazón de filóloga palpita con estas cosas). Es un libro ameno, de fácil lectura que va soltando datos como si fuera una novela en la que el personaje principal fueran los españoles y no debieras empatizar necesariamente con ellos, en definitiva, Eslava Galán sobrevuela por la Guerra y nos da una visión a vista de pájaro, lo vemos todo pero apenas sentimos nada... bueno, esto último quizá sea un poco exagerado, que sí hay momentos en los que se hiela la sangre, no tanto por lo narrado como por el hecho de que, a veces, hay que pararse a pensar en cómo demonios se pudo llegar a eso y morirse de vergüenza. El libro no cuenta nada que no se sepa, no pretende ser tanto un manual de historia como una lección de instituto, y la verdad es que se agradece, después de dos años se lo agradezco... lo que ya no sé, querido lector, es si debo o no recomendarlo sin saber cuáles son sus circunstancias y por qué quiere leer precisamente este libro ¿para saber qué pasó en aquellos años? ni de coña, lea otro ¿por placer? ¿seguro que esto le da placer? ¿se lo ha hecho mirar?, ¿por curiosidad sobre los hechos pero sin profundidad? ¡entonces léalo! ¡este es su libro!
Ninguna política se ha de fundar en la decisión de exterminar al adversario; no sólo -y ya es mucho- porque moralmente es una abominación, sino porque, además, es materialmente irrealizable; y la sangre injustamente vertida por el odio, con propósito de exterminio, renace y retoña y fructifica en frutos de maldición; maldición no sobre los que la derramaron, desgraciadamente, sino sobre el propio país que la ha absorbido para colmo de la desventura.
Una cosa que llama la atención es el título y es que hay un juego muy curioso y muy tramposo; es obvio que Eslava Galán nos dice que no le va a gustar ni a derechas ni a izquierdas porque es objetivo... pero eso no es del todo cierto; nadie sale bien parado, cierto, no aplaude a nadie, cierto, no condena a nadie, cierto, pero se debe más a la ligereza con la que pasa la vista sobre el tema que al rigor y eso, querido Eslava Galán, es trampa... y aquí podría soltar un monísimo "cuidado con la equidistancia" aunque en este caso no sea tal... pero eso lo dejo para el debate.
En el puerto de Alicante una multitud de más de diez mil fugitivos se agolpa en los muelles, a la intemperie, sin comida, en espera de algún barco que los ponga a salvo de la ejecución o de la cárcel [...] Se producen sesenta suicidios en un día. Dos amigos que han hecho la guerra juntos se estrechan la mano izquierda mientras se descerrajan y tiro en la sien con la derecha.
Sofía, la madre del historiador Julio Valerón, cuyo esposo y familiares fueron fusilados, vivió hasta 1973 sin superar el horror de la guerra. A veces gritaba en sueños y despertaba a los vecinos.
Las reseñas de mis compañeros las podéis leer en los sitios de rigor: Bichejo, Carmen, Desgraciaíto y Newland y, dado que esta vez no habrá peligro de spoiler porque doy por hecho, querido lector, que saber quién ganó aquello ¿verdad? le animo a participar del debate eterno que nos enciende todavía ¿Paracuellos y Badajoz? ¿Fue Gernika lo peor de la guerra? ¿Era un disparate la II República? ¿Se puede saber de qué pie cojea Eslava Galán? (cof cof, ya les adelanto que sí)

3 comentarios:

  1. Bueno, a mí me parece que conjuga bastante bien esa generalidad de la guerra, los sucesos principales, con historias de personas concretas. Y eso hace que te envuelvas más en la atmósfera, al menos a mí me ha pasado.

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  2. Pues sí, éste es mi libro. Puede haber placer en leer cosas sobre sucesos desagradables, por qué no.
    Qué negatifa!

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  3. Yo sí creo que intenta mantenerse equidistante, o al menos deja igual de mal a todos. Y ojo, que lo que unos hicieran mal no justifica ni disculpa lo que los otros hicieron mal.

    Lo peor de la guerra fue la guerra en sí. Y lo que no era la guerra en el combate, las envidias, los paseos, los asesinatos. Porque una guerra es un horror, pero lo que pasaba fuera del frente es peor todavía.

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